A diferencia de la mayoría de las revisiones históricas, la exposición “Nada personal” comienza en el presente.

«El arte contemporáneo», dice el curador Roberto Cobas Amate, «es donde el problema racial, las fricciones entre las razas, el tema del racismo, son más evidentes». Y el racismo, agrega, sigue siendo un problema sin resolver.

Bajo el título Nada personal, dice Cobas Amate, los curadores querían señalar que el racismo generalmente no se trata de una persona específica. «Es contra la raza, contra el color de la piel», dice Cobas Amate.

En el Edificio Cubano del Museo Nacional de Bellas Artes, La exposición comienza justo afuera de la galería, con el Día de Reyes (2019), una pintura a gran escala de Juan Roberto Diago. «Una obra actual», dice Cobas Amate, «en la que expresa su ferviente oposición al racismo».

Juan Roberto Diago, «Día de Reyes,» 2019.
Cortesía de Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana.

Señala una frase en el centro del lienzo: Tu odio no me mata. En la parte superior derecha hay otra: Soy humano igual que tú.

La colega de Cobas Amate, Laura Arañó Arencibia, fue la responsable principal de la curaduría de la sección contemporánea del programa. Señala que la obra de Diago replantea por completo una pintura del siglo XIX sobre este tema de Victor Patricio Landaluze, que aparece más adelante en la muestra. «Es totalmente opuesta» a los estereotipos raciales que Landaluze describió, dice ella.

Vista de «Nada Personal» con, a la izquierda, 3 obras de Santiago Rodríguez Olazábal; a la derecha, 3 obras de Douglas Pérez.
Cortesía de Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana.

Otros artistas importantes que «no podemos dejar de incluir» son Santiago Rodríguez Olazabal, José Bedia y Manuel Mendive, agrega.

«Son artistas que a lo largo de sus carreras, adoptaron un enfoque antropológico hacia las religiones afrocubanas y sus intersecciones con la cultura».

Obras de «Locos por el dulce (tríptico),» 2018, por Douglas Pérez.
Foto: Cuban Art News.

Otros artistas en la sección contemporánea incluyen a Douglas Pérez y Elio Rodríguez. El arte de Rodríguez es muy simpático, dice Arañó Arencibia, «porque trabaja con el tema de la raza desde una perspectiva erótica: el hombre negro y el sexo».

Vista de «Nada Personal» con, de la izquierda: obras de José Bedia; un texto sobre Bedia por el crítico y curador Orlando Hernández; obras de Moíses Finalé; y esculturas de Elio Rodríguez.
Cortesía de Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana.

En varios puntos, la exposición presenta breves textos de pared de otros académicos y curadores, que hablan sobre artistas individuales; por ejemplo, el comentario de Orlando Hernández sobre José Bedia en la imagen de arriba.

«Desde el principio, queríamos que el público tuviera acceso a especialistas que hayan trabajado con esos artistas», dice Cobas Amate. «Así que en diferentes momentos de la exposición, utilizamos textos para ayudar con esa comunicación».

Otro aspecto interesante de la exposición, dice Arañó Arencibia, es que «hay varios artistas jóvenes que han estado trabajando con temas relacionados con la raza y que no han sido incluidos en muchas exposiciones».

Entre ellos se encuentra Susana Pilar Delahante, representada por la instalación Un chino llega a Matanzas… (2015) y el video de performance 2017 Dibujo intercontinental (Dibujo intercontinental). «En su cuerpo soporta el peso de la migración y sus antecedentes africanos», dice Arañó Arencibia de la obra de Delahante.

Un cuadro del video «Dibujo intercontinental», 2017, por Susana Pilar Delahante.
Cortesía de Galleria Continua.

Ariamna Contino y Alex Hernández «abordan el tema del racismo desde la perspectiva de la genética y la percepción», dice cuando llegamos a su instalación. “Estos son mapas que indican los orígenes genéticos, los continentes, que forman genéticamente Cuba. Un mapa de Europa, de América y de África, que muestra los puntos de los cuales proviene la mayor incidencia genética que existe en la población cubana».

La exposición también incluye dos obras de Belkis Ayón, y una obra de Jesús de Armas elegida específicamente porque hace referencia a la población indígena que fue eliminada en el siglo XVI. «En esa muestra, fue importante señalar que a partir del siglo XVI hubo un conflicto muy serio sobre la raza», dice Cobas Amate.

Una vista de «Nada Personal». De la izquierda: el video «Dibujo interncontinental,» 2017, de Susana Pilar Delahante; una obra fotográfica de René Peña; obras por Ariamna Contino y Alex Hernández; una obra de Belkis Ayón.
Cortesía de Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana.

Nos acercamos a Cuando Encontro Para Vencer (2000), una gran obra de Marta María Pérez, una artista que «ha construido su carrera en esta conexión fundamental entre África y Cuba», dice Arañó Arencibia.

«Se trata de la transculturación de los africanos que llegan a Cuba. También es interesante porque Marta María es una artista blanca que entiende que la cultura afrocubana es parte de la cultura cubana», dice.

Marta María Pérez, «Cuando Encontro Para Vencer,» 2000.
Foto: Cuban Art News.

Saliendo de la sección contemporánea, nos adentramos en los primeros años de la Revolución. «Una de las cosas más importantes que la Revolución quería lograr era abolir la discriminación racial», dice Cobas Amate. «Una de las grandes utopías. En ese momento, parecía que tendría éxito».

Ese fue el momento, dice, cuando René Portocarrero lanzó su serie Color de Cuba. «Mezclaba elementos religiosos y raciales en figuras de identidad nacional», dice Cobas Amate.

René Portocarrero, «Diablito no. 3,» 1962, de la serie «Color de Cuba».
Foto: Cuban Art News.

Nos detenemos frente a dos pinturas de la década de 1950 de Adigio Benítez. «Había mucha abstracción en la década de 1950», dice Cobas Amate. “Adigio Benítez fue uno de los pocos artistas en esa época que mantuvo una práctica de figuración realista y carácter social.

Adigio Benítez, «Maternidad,» 1954.
Foto: Cuban Art News.

«Aunque muchas veces se le excluye de la historia del arte cubano, fue importante incorporarlo a esta muestra debido a la diferencia entre él y el resto de los pintores cubanos en su abstracción», continúa Cobas Amate. «Su figuración de manera realista y social está relacionada con la raza negra».

Nos trasladamos a la primera mitad de los años cuarenta. “En este período”, dice Cobas Amate, “José Lezama Lima y el grupo de Origines estaban vinculados en una corriente de blancos criollos españoles. Los cubanos negros fueron completamente excluidos. Porque la cultura a la que respondieron era blanca, de origen español”.

Señala un lienzo de René Portocarrero titulado La cena. «Aquí, las figuras no se comunican. Las figuras negras miran hacia otro lado, en diferentes direcciones, y las figuras blancas se absorben en sus pensamientos. Creo que representa un poco del conflicto racial que existe en ese momento».

René Portocarrero, «La cena,» 1942.
Foto: Cuban Art News.

Nos detenemos frente a una disposición de obras puesta en plintos. “Este es un escultor negro muy importante, Teodoro Ramos Blanco», dice Cobas Amate. «Un escultor de la década de 1930 que trabajó con el tema de la imagen de los negros».

Esculturas por Teodoro Ramos Blanco.
Cortesía de Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana.

«Para mí, esta es una pintura fascinante», dice, deteniéndose frente a Primera comunión (1930) de María Capdevilla. «Hay un fuerte contraste entre el blanco de la ropa y la fisonomía de los rostros, y para mí es muy emocionante”.

María Capdevilla, «Primera comunión,» 1930.
Foto: Cuban Art News.

Retrocediendo en el tiempo, llegamos a las pinturas de Victor Patricio Landaluze, incluido el Día de los Reyes en La Habana, con sus estereotipadas representaciones de cubanos negros.

Victor Patricio Landaluze, «Día de los Reyes en La Habana,» ca. 1860s–1880s.
Cortesía de Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana.

La exposición termina con El músico Quiroga de Vicente Escobar, un artista que estuvo activo a fines del siglo XVIII y principios del XIX. «En su mayoría pintaba temas blancos», dice Cobas Amate. “Esta es una obra excepcional. Representa a un músico negro que ascendió en la escala social».

Pero el propio Escobar es una figura más fascinante. «Contiene las contradicciones de la época y las contradicciones raciales que persisten hasta hoy», dice Cobas Amate.

Vicente Escobar, «El músico Quiroga».
Foto: Cuban Art News.

“Nació negro, pero a través de la documentación que existía en ese momento, podía comprar el derecho a ser blanco. Y él hizo. Nació negro y murió blanco.

“Dejamos al visitante, al público, con ese pensamiento. Qué meditación, que es posible nacer negro y morir blanco.

«Mucho más fácil», dice con una risa, «que Michael Jackson».

Nada Personal es una de las cinco exposiciones presentadas en el Museo Nacional de Bellas Artes bajo el tema La posibilidad infinita: Pensar la nación.” Las cinco exposiciones permanecerán en exhibición hasta el 30 de septiembre.