La tecnología de última generación puede no ser lo primero que se nos ocurra cuando pensamos en arte cubano. Pero tal vez debería ser, por las nuevas interrogantes que plantea, y las posibilidades que abre para los artistas interesados en explorar la intersección de arte y tecnología.

En Nueva York, los artistas habaneros Alejandro Piñeiro Bello, José Capaz, and Roberto Fabelo Hung están presentando En el monte, una instalación inmersiva con un extenso componente de video 360.

El proyecto recrea uno de los últimos símbolos de la confrontación ideológica entre Cuba y los Estados Unidos: parte de la plaza que se ubica frente a la embajada estadounidense en La Habana, conocida como El monte de las banderas.

El monte de las banderas en La Habana, 2006; al fondo, el edificio de la Sección de intereses de Estados Unidos en Cuba.
Cortesía de SurContinente-SA.

Allí se encuentran 138 astas de banderas de 65 pies de altura, que fueron colocadas en ese lugar en el 2006 como un memorial para las víctimas cubanas del terrorismo. Otra de las funciones del memorial consistía en bloquear los mensajes que comenzaron a aparecer en una pantalla en la fachada de la entonces Sección de intereses de Estados Unidos en Cuba, transmitiendo provocativos textos desde el quinto piso de su edificio. Las banderas fueron la respuesta del gobierno cubano para bloquear la pantalla e impedir que los cubanos leyeran aquellos mensajes.

“En el monte” consiste en diez videos 360 integrados a una instalación física que imita los mástiles reales, ahora sin banderas, que todavía están frente a la embajada estadounidense en La Habana.

En uno de los videos titulado “El año del caballo” aparecen bailarinas semidesnudas que se contonean alrededor de las astas. La danza nos recuerda el sentido porno-político de la vida en Cuba. En otro video, un grupo de personas se lanzan cakes unos a otros- una referencia, entre otras cosas, a la complicada historia de la industria azucarera cubana.

La instalación se expone en Pioneer Works, un espacio del arte independiente en Brooklyn, hasta el 21 de abril.

Los videos fueron filmados en La Habana, Nueva York y Cayo Hueso, Florida, con varias cámaras 360, y luego añadieron elementos de video 2D. Para acceder a los videos, el espectador debe colocarse uno de los cascos de realidad virtual que cuelgan de los mástiles de metal erigidos desde el suelo hasta el techo de la habitación.

El sujeto observa entonces un mundo virtual en 360 grados, y ante sus ojos se reproducen diez historias, que no se conectan entre sí, más que por el contexto y los temas generales que abordan.

Vista en detalle de la instalación «En el monte» en Pioneer Works, Brooklyn.
Cortesía de José Capaz.

En el monte demoró dos años en completarse. Es la primera obra donde estos artistas utilizan video 360 como soporte fundamental, y su uso viene de un interés por expandir el efecto visual, la experiencia sensitiva del espectador.

Juntos, los tres artistas han sido conocidos como el grupo Stainless, que formaron en 2010. Esta obra la firman con sus respectivos nombres, pues han decidido priorizar sus carreras individuales.

La tendencia a provocar viene de manera natural los jóvenes artistas, que desde el principio adoptaron una visualidad explosiva, siguiendo códigos de una estética kitsch y tendencias exitosas en el mercado del arte mundial.

José Capaz dijo a Cuban Art News que el video 360 ha sido para él como cuando Nam June Paik descubrió todo lo que podía hacer con la televisión. “Al ponerse las gafas, se consume el espacio en un soporte digital muy diferente. Puede parecer muy real, pero también muy digital y construido, sumamente abstracto”-dice Capaz.

Vista en detalle de la instalación «En el monte» en Pioneer Works, Brooklyn.
Cortesía de José Capaz.

“En el monte” apuesta por un diálogo entre los espacios físico y virtual, al combinar instalación con video 360, y depende todavía de un componente material. En ese sentido, es una obra de tránsito, que quizás sea el comienzo de una exploración del espacio virtual más profunda y de manera exclusiva en obras por venir.

“Los nuevos proyectos son una unión de la pintura y la realidad”, dijo Capaz.

Más allá del deslumbramiento visual al que aspira En el monte, uno de sus méritos a mi consideración consiste en comenzar a plantear nuevas interrogantes al arte cubano, como: ¿Hasta qué punto el uso de esta tecnología en el arte nos lleva a imaginar nuevas relaciones entre el sujeto dentro del espacio digital de una pieza de arte?

Vista de «Jailhead» en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, 2015.
Cortesía de Fanguito Estudio.

En un terreno similar dentro del contexto del arte, resalta la obra de otro artista de la isla con aspiraciones parecidas aunque más radicales, Rodolfo Peraza, fundador de Fanguito Estudio. Peraza ha desarrollado diversos proyectos de realidad virtual y game art, no mediante el uso de cámaras 360, sino en entornos virtuales creados en ordenadores.

En las obras de Peraza todo ocurre en la pantalla digital a la que se accede a través de las gafas de realidad virtual. El espacio que le interesa explorar existe solo mediante esa pantalla y en ese entorno digital. De manera que su despliegue en el terreno real es en extremo minimalista, compuesto apenas por el casco VR. Su promesa trasciende el asombro como efecto de la obra, apunta hacia la posibilidad de explorar una espacialidad digital, generada por las máquinas, donde el sujeto se desplaza por ese espacio virtual e interactúa con el mismo.

Vista exterior de «Jailhead,» 2015, por Rodolfo Peraza.
Cortesía de Fanguito Estudio.

“Dentro de mi trabajo hay una motivación por el elemento lúdico. El juego como parte del proceso de confrontar la pieza, de la experiencia de la pieza, fue lo que me trajo al mundo de la tecnología como medio”, dijo Peraza sobre su interés en vincular el arte y la realidad virtual.

La estética del video juego tiene gran influencia en su trabajo, donde el espectador puede transformar también la pieza con el simple hecho de participar. En obras como JailHead.com, que se encuentra disponible online, al acceder a la página el usuario se convierte en parte de la obra. Su identidad es la dirección IP desde donde accede a internet, y su presencia es percibida por otros usuarios que al visitar la página “habitan” por un momento ese espacio virtual.

Una obra por el artista de game-art Cory Arcangel, incluido en la muestra «Cool War,» presentado como una exposición colateral en el XII Bienal de La Habana.
Cortesía de Fanguito Estudio.

La dinámica colaborativa es esencial en su obra, como también lo ha sido desde su fundación en Fanguito Estudio, que fue concebido como lugar de trabajo donde él y otros artistas se reunían a programar, al estilo de un hackaton, para luego exhibirlo allí mismo a la comunidad.

Para la XIII Bienal de La Habana, Fanguito exhibirá la obra colectiva de 11 artistas cubanos e internacionales, incluyendo a Peraza, “NPC: Non Playable Character”, se presentó el lunes pasado y se inauguró oficialmente este viernes 19 de abril, con un estudio abierto a las 5 p.m. Este es otro show que parte del video juego. Los NPC son personajes o caracteres dentro del guión del juego, que no controla un jugador real sino que lo maneja la inteligencia artificial, o un simple código utilizado por la computadora.

El duo cubano Serones (Antonio Álvarez Zayas y Alejandro Pedro García Alarcón), participantes en «NPC: Non Playable Character» en Fanguito Estudio.
Cortesía de Fanguito Estudio.

Peraza ha encontrado en la tecnología un medio para expandir su campo creativo, y también para operar más allá de los límites de monetización del arte. “La tecnología es muy interesante para generar autonomía”-dice. “Me permite concentrarme en proyectos que realmente me interesan y no depender del sistema del arte.”

“Con la tecnología estamos viviendo un momento en el que, por un lado es distópico y terrible, pero también hay muchas herramientas que de utilizarse de manera consciente logran democratizar las prácticas artísticas más allá de los circuitos tradicionales del arte y diferenciarnos de lo que están haciendo la mayoría de los artistas internacionales.”

Lidia Hernández Tapia (Holguín, 1991) Tiene una Maestría en Periodismo bilingüe en la CUNY Graduate School of Journalism, en New York. Estudió Licenciatura en Periodismo en la Universidad de La Habana (2013). Ha escrito para varios medios de prensa en Cuba y Estados Unidos.