Desde su estudio en Midtown Manhattan, Jorge Otero traza las líneas guía por donde luego recortará la foto base de su próxima obra. El retrato es técnicamente bello, una luz suave cae sobre el torso desnudo de Adrian Clay, bailarín principal del New York City Ballet. Pero Jorge Otero solo encuentra la belleza en lo que sus manos puedan armar, en el resultado que emerge de las piezas que han sido recortadas, desarmadas y vueltas a componer con la paciencia y la concentración de sus manos laboriosas.

Estamos a mediados de su estancia en el programa de Residency Unlimited, que comenzó a principios de julio y terminará a fines de agosto. Con esta residencia, su nombre entra a la lista de artistas cubanos que esta institución ha traído a Nueva York para desarrollar proyectos en años recientes. Como parte del programa, la residencia le da la posibilidad de desarrollar una obra a su libre elección y de intercambiar con curadores, coleccionistas e instituciones del arte en la ciudad.

Al principio de su residencia, Jorge Otero desempaqueta obras para colgar en las paredes de su estudio.
Cortesía de Jorge Otero, Facebook.

La foto de Adrian Clay en la que trabaja ahora es ese proyecto que Otero quiere ver convertido en más que una foto, una pieza con relieve. Quizá no le alcance el tiempo, los dos meses de la residencia, para alcanzar su meta de convertir la imagen en ese objeto multidimensional que tiene en mente. Pero ya tiene dentro la intención, el deseo de dar ese salto de la foto hacia lo escultórico. Ya la fotografía no es suficiente.

Esta obra continúa una de 2017, “Pellejo”, la imagen de la espalda de un hombre desnudo compuesta por tiras de vinilo tejidas. Otero la trajo consigo y la expone ahora en una de las paredes del estudio.

“Vuelvo sobre el tema de la identidad y al uso del vinilo que es uno de los materiales que más me interesa ahora. Parece como otra piel”- dijo Otero a Cuban Art News.

Jorge Otero, «Pellejo,» 2017.
Foto: Lidia Hernández Tapia.

Aunque esta vez la figura que posa es un bailarín de Nueva York en lugar de un guajiro cubano, como es recurrente en su trabajo, el hilo conductor sigue siendo el cuerpo desnudo como inagotable terreno de símbolos. Otero continúa explorando ese cuerpo masculino de canon clásico, cercano a la perfección griega.

Busca todavía ese cuerpo que prescinde de ropas y adornos. En esencia, es el signo que nos recuerda lo universal, la piel que recubre los huesos y órganos de los humanos de todas las latitudes geográficas. Otero quiere establecer ese diálogo con el espectador, sin importar de qué parte del mundo sea el que está mirando.

Jorge Otero con Adrian Clay, bailarín principal del New York City Ballet, en julio.
Cortesía de Jorge Otero, Facebook.

Al hacer un recuento de cómo ha evolucionado su obra en la última década desde que se graduó del Instituto Superior de Arte en el año 2007, aparece constante el gesto de tomar posesión de ese cuerpo como medio y terreno semántico. “Con el tiempo me he vuelto más abstracto”, dice. “He ido cerrando cada vez más, del cuerpo entero a los detalles.”

Pero si bien el escenario, la luz, los olores sí cambian, Jorge Otero sigue obsesionado con su muy particular forma de representar el tema de los guajiros. Allí en el estudio, la obra “Pensamiento histórico” cuelga como protagonista en otra de las paredes blancas que el mismo se dio a la tarea de pintar en los primeros días de la residencia. En la imagen hay un hombre con un sombrero, que agarra un machete y se cubre la entrepierna.

Jorge Otero con su obra «Pensamiento histórico», 2013.
Foto: Lidia Hernández Tapia.

¿Por qué esa obsesión con los guajiros?

“Me interesa la iconografía del campo cubano para crear un personaje, para dialogar sobre temas como la identidad, emigración, periferia. Son cuestiones universales a partir de mi contexto. La imagen del guajiro que uso no es la tradicional, es otra. Ahí también hay un contenido, un discurso de cambio. Ese gesto para mi tiene significado: reflejar una evolución, otra perspectiva. A partir de ahí empiezo a tejer.”

Para venir a la residencia en Nueva York, en su maleta trajo un machete, un sombrero y unas botas. Ya una vez aquí en el año 2014 hizo un performance donde se viste de guajiro y hace el gesto de arrodillarse para escuchar el suelo en Times Square. No piensa repetirlo esta vez en una locación diferente, pero por si acaso a donde quiera que viaja fuera de Cuba, Otero lleva consigo sus instrumentos.

Jorge Otero, «Estampida,» 2014, de la serie «Héroes de la guerra».
Cortesía de Repeating Islands.

La obra de Otero ya había estado en Nueva York en tres ocasiones anteriores, como parte de muestras colectivas de arte cubano en la Robert Miller Gallery en 2014 y en la Scope Art Fair con NG Art Gallery en 2016 y 2017. Sin embargo, es este el período de tiempo más largo que el artista ha vivido y creado un proyecto alimentándose de la energía creativa de la ciudad.

Otero con pelo sintético, otro material que le interesa.
Foto: Lidia Hernández Tapia.

Como parte de su paso por Residency Unlimited, que cuenta con el soporte de Cuban Artists Fund y de Rockefeller Brothers Fund, Otero realizará una presentación abierta al público el 28 de agosto para hablar sobre su paso por la residencia con la curadora Meyken Bareto.

Después de Nueva York, Otero asistirá a la Feria de Arte de Beirut en el Líbano en septiembre. Como siempre, llevará consigo el machete, el sombrero y las botas.

Otero frente a su estudio en Midtown Manhattan.
Cortesía de Jorge Otero, Facebook.
Lidia Hernández Tapia (Holguín, 1991) Tiene una Maestría en Periodismo bilingüe en la CUNY Graduate School of Journalism, en New York. Estudió Licenciatura en Periodismo en la Universidad de La Habana (2013). Ha escrito para varios medios de prensa en Cuba y Estados Unidos.