Carlos Alfonzo: Painting es la más reciente muestra personal dedicada a este artista y abierta ahora al público en la galería Fredric Snitzer. Painting se centra en los últimos años de creación del artista donde el diálogo con la muerte inminente deviene el tema central.

Con apenas cuarenta años de edad y en la cúspide de su carrera, muere Carlos Alfonzo en Miami en febrero de 1991. Su prolífica obra que abarca dibujo, pintura, escultura, cerámica y obras públicas es el testimonio agudo del individuo atormentado en constante búsqueda de concilio perenne.

Vista de la instalación “Carlos Alfonzo: Paintings” at the Fredric Snitzer Gallery, Miami
Cortesía de Fredric Snitzer Gallery

Marcado siempre por el destino trágico que cimbra su existencia, el espíritu de su obra donde la agonía adquiere dimensiones románticas, encarna al individuo solitario, incomprendido, frente a un mundo que se resiste a aceptarlo. Es este el drama inherente a toda la existencia de Carlos Alfonzo.

Carlos Alfonzo encarna de manera visceral la odisea de la existencia humana en la era contemporánea: la identidad escindida, la soledad, la incomprensión, la enfermedad, la muerte.

Alfonzo nace en La Habana en 1950. Se gradúa de estudios en la Academia de San Alejandro en 1973 y posteriormente de Historia del Arte en La Universidad de La Habana, en 1977. Su obra pronto adquiere notoriedad en la isla y es adquirida por el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba que le dedica una exposición personal (Experimentos de Carlos José Alfonzo) en 1977.

Alfonzo había formado parte de la icónica exposición Pintura Fresca (Galería de Arte, Cienfuegos, 1979) – para muchos, la antesala de Volumen I, junto a figuras de la talla de Flavio Garciandía, Tomas Sánchez, José Manuel Fors, Gustavo Pérez Monzón, José Bedia, Juan Francisco Elso y Rogelio Lopez Marin (Gory), entre otros.

En el momento en que abandona el enclave natal, la universidad de la Habana estaba montando una exposición del artista que es inmediatamente suspendida. Las palabras al catálogo de la muestra, a manos de Gerardo Mosquera, nunca vieron la luz y el nombre de Carlos Alfonzo fue eliminado de la lista de artistas cubanos.

Desde esta temprana etapa, la obra de Carlos Alfonzo se distingue por la incesable experimentación con materiales que incorpora como soporte (cartón corrugado, saco, papel periódico, entre otros) así como la pasión por la literatura que le lleva a incorporar la caligrafía de manera orgánica. Entre los escritores preferidos del artista que como eco devienen una suerte de alter ego en su obra temprana, descuellan las figuras de José Lezama Lima, Eliseo Diego y Federico García Lorca.

Tras vivenciar los escarnios de ser un “lumpen”  y un homosexual en Cuba, Alfonzo sale de la isla definitivamente en julio de 1980. De esta época en la que el artista sufre prisión domiciliaria en su Habana natal datan murales hoy desparecidos al tomar su casa no sólo como refugio último y coraza protectora ante un mundo agreste sino como soporte y catarsis para exorcizar la angustia interna del artista.

Carlos Alfonzo, Where Tears Can’t Stop, 1986
Cortesía del Smithsonian American Art Museum

El mar no sólo será transito físico entre dos polos tan cercanos y escindidos a un tiempo (Habana-Miami), sino la expresión ulterior de ese mundo interno harto sensible, agitado e incomprendido, siempre en búsqueda de la armonía, la belleza y concilio.

A su llegada a Miami, el artista reconfigura su universo personal en una particularísima simbiosis que distinguirá su obra madura y donde se entremezclan en inquietante armonía y no exentos de tensión símbolos de disímil procedencia (símbolos afrocubanos, católicos, rosacruces, o del tarot, entre otros) que cohabitan y pugnan  por existir. De esta época, son Tears Can’t Stop y su mural Ceremonia de los Trópicos (ambas de 1986).

Carlos Alfonzo, Ceremonia de los Trópicos, 1986.
Vista de la instalaciíon, Santa Clara Metrorail Station (Miami)
Cortesía de cesartrasobares.com

A medida que avanza su obra, la jungla de símbolos –siempre latente- cede paso al cuerpo y, en específico, a la cabeza. Una cabeza cercenada a la altura del cuello. En esta cabeza solitaria, expresión del mundo interior del artista, también está contenido el Elegguá -uno de los principales orichas de la Santería, dueño de los caminos y encrucijadas, directamente asociado al destino y la creación- que Alfonzo ha trabajado con antelación. El universo del artista va oscureciéndose progresivamente. La atmosfera devendrá un augurio ominoso y la cabeza, un grito desesperado.

En 1990, se suceden hechos vitales en la vida de Carlos Alfonzo. El artista recibe la visita de su madre, Delia Espina Suarez, quien es portadora de la muerte del padre de Alfonzo. Ese mismo año, en diciembre, el artista es internado por primera vez en el South Miami Hospital, debilitado a causa de los estragos del Sida.

La muestra incluye dos  piezas bajo el mismo título: Screaming Head, 1990, que evidencian la agonía interna y extrema que agobia al artista. De simplicidad y elegancia escalofriantes, Screaming Head (noviembre 1990), logra en unos pocos trazos rotundos captar el torbellino de la angustia interior donde llanto y grito devienen unidad dialógica inseparable.

Carlos Alfonzo, Screaming Head, 1990.
Cortesía de Fredric Snitzer Gallery

De esta época data Still-Life with AIDS Victim, 1990. En ella, la resonancia de Francis Bacon -también expuesto a la desgarradora  tragedia y las pérdidas sostenidas a causa del virus, es crucial.  En el centro del cuadro, el retratado, amordazado en la cama a toda la parafernalia de hospital, es recortado por el recuadro negro tajante, que extirpa del mundo exterior de la tragedia personal plasmada.

Carlos Alfonzo, Still Life with AIDS Victim, 1990
Cortesía de Fredric Snitzer Gallery

El cuadro, de hirientes trazos y vastos campos de color con implicaciones cubistas, expresionistas y biomorfas, se auxilia de una paleta reducida a sepias, blancos y negros. La luz, como aureola, devuelve la humanidad al personaje central, mientras que en la esquina superior izquierda, a modo de epitafio, el ojo que es también clavo en cópula con la cruz invertida, completan el sentido de la pieza.

El trabajo de Alfonzo con la temática del sida, pandemia que sobrecoge toda la época, comienza a  hacerse visible desde fines de los años ochenta. Smile Under Attack, 1987, es incluida en la icónica muestra Art against A.I.D.S. en la galería de Miami Dade College y es, además la portada del catálogo.

Carlos Alfonzo, Lengua y Clavo, 1987.
Cortesía de Fredric Snitzer Gallery

Para entonces, la obra del artista ha recibido amplio reconocimiento tanto a nivel local como nacional. Su obra es incluida en Cuban Fantasies (Kouros Gallery, Nueva York, 1983); The Miami Generation: Nine Cuban-American Artists (Cuban Museum of Art and Culture, 1983-1984); Hispanic Art in the United States: Thirty Contemporary Painters and Sculptors (The Museum of Fine Arts, Houston,1987); Outside Cuba: Contemporary Cuban Visual Artists (University of Miami, itinerante, 1988), entre otras muchas.

Su obra merece el estudio de Giulio V. Blanc, Julia P. Herzberg, Olga Viso y Cesar Trasobares quienes son referentes insoslayables a la hora de abordar la obra de Carlos Alfonzo.

En 1990, la revista ARTnews incluye a Carlos Alfonzo como uno de los diez artistas a seguir en la década. En septiembre de 1990, el Bass Museum abre la última exposición en vida del artista y unos meses más tarde, en 1991, su obra es incluida en la Whitney Bienal.  En 1998, ve la luz Triumph of the Spirit: Carlos Alfonzo, A Survey, 1975-1991, primero exhibida en el Miami Art Museum (MAM) y luego en el Hirshhorn Museum, en Washington DC.

Carlos Alfonzo, Untitled, 1987.
Cortesía de The Farber Collection

En esta hora de recuento último, el tema del martirologio deviene esencial. Figuras arrodilladas, suplicantes, son secundadas por seres etéreos que rememoran el tema de La anunciación (Home, 1990). Eminentemente monocromáticos, estos cuadros emparentan directamente con el único libro de artista de Alfonzo, Habitual, también de 1990, elegía impostergable y resumen de su obra y vida.

Obra de Carlos Alfonzo de “Habitual”, libro de artista, 1990.
Diseñado por Peter Menendez. © Carlos Alfonzo

La orgía de símbolos y color que predominara a mediados de los ochenta ha cedido, inevitablemente hacia el recuento último, ahora silencioso e íntimo. A fin de cuentas, todo el bullicio sórdido del mar puede ser contenido en una sola lágrima.

Carlos Alfonzo: Paintings corre hasta este sabado, 14 julio, en la Galería Fredric Snitzer en Miami.

Janet Batet (La Habana, Cuba) es curadora independiente, crítica de arte y ensayista. Actualmente vive en Miami. Ex investigadora y curadora del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales y ex profesora del Instituto Superior de Arte, ambos en La Habana. Sus artículos sobre las prácticas artísticas se publican regularmente en Art Nexus, Pulse Art, Arte al Día, Art Experience: NYC, y El Nuevo Herald, entre otros.