Un retrato en la serie Colosos, pintado por Máisel López en un pared en el barrio Buena Vista.
Cortesía de Máisel López.

En La Habana, como en cualquier capital, hay barrios de mucha y de poca monta. Los hay finos y elitistas, populares o con menos alcurnia.

Buena Vista, por ejemplo, situado en la barriada de Playa, al Este del Vedado, tiene una fama que le precede: tiene guapos y estafadores, delincuentes y pandilleros, pero tiene también una galería de arte en sus calles. Aunque allí las infraestructuras culturales no tienen la diversidad de las de Miramar o el Vedado, si se camina por algunas intersecciones como las de 44 y 25 o la de 41 y 70, el visitante descubrirá rostros de niños a escala monumental, pintados en las paredes.

Un retrato en la serie Colosos, pintado por Máisel López en un pared en el barrio Buena Vista.
Cortesía de Máisel López.

Máisel López se ha encargado de transformar pequeños espacios de la ciudad en una exposición permanente. Por su casa –dice- pasan ahora muchos padres para preguntarle si puede hacer una foto de su hijo y después pintarlo en el barrio. Con esas imágenes, ya tiene un catálogo de “Colosos” –como les llama- esperando el turno para ocupar alguna pared del barrio de Buena Vista.

Su rutina es muy sencilla. Mientras camina, busca paredes que puedan ser funcionales para su trabajo. Trata de elegir lugares deteriorados donde la obra le sea útil al entorno y pide los permisos para intervenirlo. Todo lo que viene después deja de ser un trámite y se vuelve contenido artístico: primero hace un sistema de cuadrícula para trasladar a la pared la imagen fotográfica que ya ha seleccionado antes. Después dibuja con el lápiz y finalmente aplica la pintura.

Un retrato en la serie Colosos, pintado por Máisel López en un pared en el barrio Buena Vista.
Cortesía de Máisel López.

“Pensé los Colosos para el lugar donde vivo porque creo que es necesario llevar el arte a la comunidad y embellecer nuestro entorno. Me parecía además muy interesante utilizar las paredes que estaban más deterioradas para hacer arte sobre ellas”, comenta el artista para Cuban Art News.

A los pocos minutos de iniciar esta conversación y sin todavía preguntárselo, se confiesa martiano, y expresa que recurre a las imágenes de niños porque los considera también la esperanza del mundo. El marcado carácter realista de sus obras, así como la escala que utiliza contribuyen a fundar ese concepto.

La obra de Maissel López ya es popular en toda La Habana, pero hasta el momento advierte que sus rostros de niños no saldrán de Buena Vista. Los 20 murales que ha hecho hasta ahora se encuentran en esa peculiar zona de municipio Playa, y contrario a lo que pudiera dictar los estereotipos sociales, la gente de allí ha aprendido a convivir con ellos. Los Colosos son parte esencial de ese lugar y Maisel ya es un artista cuya razón de ser está en la comunidad.

Un retrato en la serie Colosos, pintado por Máisel López en un pared del Aquario Nacional.
Cortesía de Máisel López.

Una parte importante de la idea que maneja con sus murales es hacer que las personas perciban las obras como si estuvieran en una galería real, que interactúen con ellas y sientan que el arte es capaz de transformar la propia ciudad y sus valores.

“No me interesa el protocolo de la inauguración, disfruto mucho el proceso pictórico, el acto mismo de la creación y que las personas mientras van pasando estén interactuando conmigo. No vivo el proceso de la legitimación, me gusta que las personas choquen con la obra a veces por resultado de azar o simplemente que me hagan preguntas mientras estoy pintando, esa interacción para mi es más importante que cualquier otra cosa”.

Un retrato en la serie Colosos, pintado por Máisel López en un pared en el barrio Buena Vista.
Cortesía de Máisel López.

Del lienzo a la pared

Aunque los Colosos comenzaron a aparecer en 2015, la idea que los hizo posible había nacido un año antes, con una serie de rostros humanos sobre lienzo, así titulada. A partir de ahí se dio cuenta de que podía expandir mucho más esa idea.

Antes de formarse en la Academia San Alejandro, se había  preparado en la Casa de Cultura del municipio Playa. Cuando se graduó siguió impartiendo clases para niños y adultos mayores, en una de esas instituciones. Pero su afición por el muralismo lo debe a una misión de tres años en Venezuela, dónde participó como colaborador en la Misión Cultura Corazón Adentro en Caracas y Portuguesa. Allí realizó las primeras obras de este tipo. Antes de eso jamás había tocado una pared, su obra se limitaba al lienzo hasta que se dio cuenta de que una imagen podía ser vista por muchas personas sin tener que acudir a una galería. Eso le apasionó.

Un retrato en la serie Colosos, pintado por Máisel López en un pared del Hospital Pediátrico Wiliam Soler.
Cortesía de Máisel López.

“Esa obra persigue los caminos de una figuración bastante realista, siempre enmarcada en el retrato porque me interesa el rostro como medio expresión. Soy un retratista más de tantos que han existido en la historia del arte; trato de expresar sentimientos a través de mis retratos, soy uno más que busca códigos y herramientas a partir de la tendencia que me gusta”.

Aunque el muralismo mexicano siempre deba ser una referencia obligada para cualquier artista que decida desarrollar esa técnica, Maisel no lo asume como su influencia más directa. Al norteamericano Chuck Close lo ubica el más alto paradigma que le interesa seguir hasta este momento, lo mismo para su pintura mural, que para la obra realizada en el lienzo y que pretende llevar a la par de la primera.

En el lienzo se ha permitido incursionar en otros grupos sociales, ha pintado hombres y mujeres de todas las edades, incluso ancianos, pero siempre usando la misma técnica. La figuración, el blanco y el negro son para Maisel principio y fin de toda creación. De hecho, se ha declarado defensor de la centenaria técnica de la grisalla, la cual a estas alturas es poco explotada por los artistas.

Máisel López, Polvo, 2015.
Cortesía de Máisel López.

¿Crees que en algún momento te interese desarrollar un trabajo fotográfico en paralelo? pregunto.

“Me gusta mucho la fotografía, mi obra no tendría sentido si no partiera de ella. Pero no me interesa ella como arte, sino como un medio más en mi obra, como mismo lo es un pincel o un color”.

Un retrato en la serie Colosos, pintado por Máisel López en un pared en el barrio Buena Vista.
Cortesía de Máisel López.

Curiosamente en un mundo donde los artistas ingenian alternativas para vender más, le digo, tú pareces proponerte lo contrario con cada obra.

“Me siento muy feliz desarrollando esta obra en la comunidad, siento que es muy diferente a exponer en una galería y mi presupuesto como artista es lograr que la obra dialogue con el público. Esto implica por supuesto estar alejado del sector de las galerías y del supuesto mercado, porque no creo que en Cuba exista un mercado del arte. Yo disfruto más como artista en la medida en que entrego mi obra a la comunidad”.

Máisel López con un retrato Coloso pintado en el Aquarion Nacional.
Cortesía de Máisel López.

Aunque ellos no ríen todo el tiempo, le digo, las personas asocian a la niñez con un período de felicidad a toda costa.

“El hecho de que represente un niño con la expresión seria, o mirando hacia arriba no significa que sea un niño triste. Se trata de una reflexión que yo apunto pensando en el futuro, interpretando a cada uno de ellos como las caras del futuro y situando el análisis hacia otro contexto.

Un retrato en la serie Colosos, pintado por Máisel López en un pared en el barrio Buena Vista.
Cortesía de Máisel López.

Si ellos miran al cielo no significa una alusión religiosa, como mucha gente cree. Se trata siempre de un guiño a los tiempos por venir y una estrategia para buscar diferentes expresiones que devuelvan una obra en movimiento. Además, todos los niños no son iguales, cada uno de ellos tiene expresiones muy diversas, cada uno es un universo en sí mismo”.

Lianet Hernández (Artemisa, Cuba, 1989) Licenciada en Periodismo por la Universidad de la Habana. Trabaja en Casa de las Américas, y colabora habitualmente con la revista OnCuba.