María Magdalena Campos-Pons, Sín titulo, 1995.
Cortesía de Galleria Pack, Milano y PAC Milano.

En los últimos meses, Milán se ha tornado espacio de exposición de artistas de origen cubano. En junio, Looking forward to the Past presentó la obra de José Rosabal, ganadordel 57mo  Premio Internacional Bice Bugatti Segantini. Y en julio, Cuba. Tatuare la storia (Cuba. Tatuar la historia), una muestra colectiva de 31 artistas contemporáneos, abrió en el Padiglione d’Arte Contemporanea de Milán (PAC Milano), hasta el 12 de septiembre.

En una conversación con Rafael DiazCasas, los curadores de Tatuare la storia, Diego Sileo y Giacomo Zaza, hablaron de las ideas que sustentan la muestra, su proceso de trabajo, y sus objetivos al organizar la exposición. A continuación una versión editada de la entrevista.

Una vista de la exposición mostrando, a la izquierda, una obra de Kcho, Estelas en el mar mi abrigo y mi sosten, y a la derecha, Kcho, Sín titulo, 1996; el video de Integración, un performance de Carlos Martiel; y fotografías de Ascención, 2015, otra performance de Martiel.
Foto: Annamaria La Mastra, cortesía de PAC Milano.

Comencemos con una breve descripción de cómo se concibió la muestra.

Giacomo Zaza (GZ): Teniendo en cuenta la gran variedad de prácticas artísticas en la isla, con énfasis en arte interdisciplinario, decidimos explorar el arte contemporáneo en Cuba visto en el contexto internacional.

Nos hemos centrado conceptualmente en desarrollar una exposición que proporcione una revisión del arte en Cuba desde mediados de la década del 1980 hasta la actualidad, sin restricciones en la visión cultural.

Hemos logrado hacerlo gracias a la inestimable ayuda de Jorge Fernández Torres, ex director del Centro Wifredo Lam,  ahora director del Museo Nacional de Bellas Artes.

Una vista de la exposición con, a la izquierda, Luis Gómez Armenteros, Ya nada nos pertenece, 2016 y a la derecha, Ricardo Miguel Hernández, Acerca de las bajas pasiones, 2014–15.
Foto: Annamaria La Mastra, cortesía de PAC Milano.

En la conformación de la exposición, ¿qué criterios tomaron como guía?

GZ: En nuestra opinión, las exposiciones más importantes sobre arte contemporáneo en Cuba han tenido siempre un enfoque histórico, o han mantenido un núcleo de artistas determinado. Por esta razón, la exposición fue diseñada para presentar una perspectiva más amplia, y al mismo tiempo más concentrada, reuniendo a artistas residentes en Cuba,  otros que han emigrado, y artistas que viven tanto en la isla como en otros países.

En Cuba. Tatuare la storia, cada artista representa un viaje transversal por el  siempre cambiante tapiz artístico en Cuba. No hay diferenciación jerárquica; a todos los artistas, tanto establecidos como emergentes, se les da el mismo espacio. Algunas de las obras fueron hechas especialmente para la muestra en el PAC.

Carlos Martiel, Ascención, 2015
Courtesy PAC Milano

Tomamos como punto de partida la idea del cuerpo como un registro de la experiencia humana: el «cuerpo de las imágenes», tal como describe José Lezama Lima. La piel es capaz de llevar las marcas de la historia de la nación y el reflejo de su identidad. Piel sobre la cual las conexiones, en ocasiones ocultas, se realizan entre las aspiraciones utópicas y los fracasos post-utópicos, con asociaciones que van desde el sincretismo criollo hasta el kitsch popular.

Además, consideramos las conexiones entre los diversos rituales de origen africano, así como las hechas usando el siempre presente choteo (expresión burlesca de los cubanos), un cruce entre la sátira y formas alternativas de supervivencia mental. Así como, conexiones a lo mundano, como los enlaces a partir de formas de ruralización urbana, como los llamados organopónicos y carretilleros.

Los artistas en la exposición son Juan Carlos Alom, Tania Bruguera, María Magdalena Campos-Pons, Javier Castro, Celia & Junior, Susana Pilar Delahante Matienzo, Ángel Delgado, Humberto Díaz, Carlos Garaicoa, Luis Gárciga, Luis Gómez, Antonio Gómez Margolles, Félix González-Torres, Ricardo Miguel Hernández, Kcho, Tony Labat, Ernesto Leal, Reynier Leyva Novo, Los Carpinteros, Meira Marrero y Jóse Toirac, Carlos Martiel, Ana Mendieta, Reiner Nande, Glexis Novoa, Marta María Pérez Bravo, Eduardo Ponjuán, Wilfredo Prieto, Grethell Rasúa, René Francisco Rodríguez, Lázaro Saavedra y Tonel.

Tonel, Aquí se escucha música del cuerpo, 2016.
Foto: Annamaria La Mastra, cortesía de PAC Milano.

Aproximadamente, ¿cuánto tiempo les tomo desarrollar la exposición, desde su concepción hasta la apertura?.

GZ: Trabajamos en la exposición durante unos dos años, reuniéndonos con artistas en Cuba y fuera de la isla.

Por supuesto, se trata de un mostra lampo, o «exposición relámpago”, una muestra que incluye 31 artistas. También está vinculada a nuestra experiencia como curadores de los últimos dos pabellones cubanos en la Bienal de Venecia.

Vista de la expo con, a la izquierda, Celia-Yunior, Colonias epífitas, 2012–13, de la Colección Farber; a la derecha, Grethell Rasúa, Con todo el gusto del mundo.
Foto: Annamaria La Mastra, cortesía de PAC Milano.

Diego Sileo (DS): Una vez seleccionados los artistas, elegimos dos o tres obras por cada uno, que representara mejor las ideas y los temas de la exposición. Para nosotros, lo importante fue representar con éxito la obra individual de cada artista, lo que no siempre es fácil en muestras colectivas, además de destacar su relación específica a nuestro concepto de la exposición.

Me interesa saber más sobre la decisión de incluir el trabajo de Ana Mendieta, Félix González-Torres, y Tony Labat, artistas que no desarrollaron sus prácticas artisticas en la isla.

DS: Los incluimos sin dudar, ya que son tres artistas notables, que ayudaron a revolucionar los cánones tradicionales del arte dentro y fuera de Cuba, contribuyendo a su emancipación y éxito internacional.

Una vista de la sección de la expo con obras por Ana Mendieta. De la izquierda: Mirage, 1974; Sweating Blood, 1973; y Alma, Silueta en Fuego, 1975.
Foto: Annamaria La Mastra, cortesía de PAC Milano. © The Estate of Ana Mendieta Collection, LLC, cortesía de Galerie Lelong, New York.

Los tributos a Mendieta y González-Torres dentro de la exposición –  los únicos artistas fallecidos considerados – están  totalmente justificados, y  son indispensables para una comprensión global del proyecto.

Por supuesto, los tres artistas comparten similitudes en sus experiencias biográficas como exiliados desde una edad temprana. La emigración informo sus maneras personales de creación artística fuera del país que les vio nacer.

¿Cómo se evidencian en la exposición los últimos «cambios» sociales en la isla?.

GZ: Para los artistas contemporáneos, la historia es campo de discusión y análisis, desde su base, sin vergüenza o perjuicio, y sin velos o retórica alguna. La historia viene siendo una fundación que provee un banco de imágenes, muchas veces cargadas de incertidumbre y desilusión. Por lo tanto, los recientes acontecimientos políticos en la vida de la nación forman parte  de esas imágenes y también contribuyen a su deconstrucción.

Humberto Díaz, Alimento, 2015.
Foto: Annamaria La Mastra, cortesía de PAC Milano.

Los artistas seleccionados para la exposición no ofrecen opiniones «idealistas» y tranquilizadoras. Por el contrario, el arte en la muestra pone de manifiesto las interacciones sociales y políticas, y su complejidad; la energía inherente a esta fusión y su influencia mutua; así como la pobreza, la escasez de infraestructura, la censura activa declarada y no declarada.

Estos artistas revelan una experiencia en desarrollo progresivo  que está vinculada ya no exclusivamente a su tierra de origen y sus identidades híbridas. Reflejan una relación a una realidad globalizada, a las corrientes culturales transnacionales, al sistema capitalista, y las nuevas tecnologías.

Vista parcial de Lázaro Saavedra, La última cena, 2016.
Foto: Annamaria La Mastra, cortesía de PAC Milano.

Las obras de la exposición dejan ver una cierta relación con la complejidad de la cultura internacional, reconstruyendo una «historia» a medio camino entre el compromiso social/antropológico y el desencanto, o una conciencia  de la ilusión.

Los artistas no tienen la intención de destacar los cambios producidos por las estrategias estadounidenses. Pero nos alertan de los problemas no resueltos que van desde el racismo y la desigualdad, hasta las dimensiones de las identidades múltiples, del  análisis del concepto de negro, criollo  e incluso las identidades india o gallega, hasta la llamada  santería.

Sigue: Dinámicas curatoriales, «el artista como etnógrafo», y lo que aporta el arte contemporáneo al arte global. 

María Magdalena Campos-Pons, Finding Balance, 2015.
Cortesía de Harcus Gallery y PAC Milano.
Rafael DíazCasas historiador del arte y curador independiente con sede en Nueva York. Interesado en Arte Moderno y Contemporáneo, con un enfoque en Arte Latino Americano. Él escribe sobre el arte y la cultura para varias publicaciones. Co-Autor Hard Light: The work of Emilio Sanchez, Prestel, Londres – New York, 2011. Actualmente está trabajando en una monografía y un documental sobre la historia de la abstracción en la segunda mitad del siglo XX en Cuba.