Rubén Torres-Llorca, Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos, 1987
Cortesía de The Farber Collection

A raíz de la impronta creada por el simposium Dialogues in Cuban Art (Diálogos en el arte cubano: Un intercambio entre La Habana y Miami) celebrado en el PAMM entre el 28 y 29 de abril, la Cisneros Fontanals Arts Foundation (CiFO) dentro de su programa de conversatorios públicos convoco el 26 de abril a la charla La generación de Volumen Uno: La escena del arte producido en Cuba entre 1978 y 1984.

El conversatorio de una noche, en Español, celebrado en CiFO Art Space en el downtown de Miami, fue idea de su director y curador principal Eugenio Valdés, para acompañar la exposición personal Tramas del artista Gustavo Pérez Monzón (1956) realizada en el mismo espacio, y para que el encuentro sirviera a su vez como marco para mantener la continuidad histórica de los Diálogos en el Arte Cubano.

El evento tuvo como panelistas invitados al propio Pérez Monzón, y al artista Rubén Torres-Llorca(19557), ambos participantes de la mítica exposición Volumen Uno. Así como, el crítico e historiador de arte y artista Aldo Menéndez (1948). Formaron, además, parte de la mesa de presentación Elsa Vega Dopico (1970), historiadora de arte y curadora del Museo Nacional de Bellas Artes y el artista Rene Francisco (1960), ambos co-curadores, junto a Valdés, del próximo proyecto expositivo sobre Arte Cubano de los 1950s – 1990s que toma primordialmente como referencia la colección de Ella Fontanals-Cisneros.

Los panelistas en CIFO. De la izquierda: ené Francisco, Rubén Torres-Llorca, Aldo Menéndez, Elsa Vega Dopico y Eugenio Valdés, director de CIFO.
Foto: Rafael DiazCasas

La idea principal detrás del evento fue poner a conversar dos generaciones de artistas cubanos, y así reflexionar sobre los lapsos de tiempo anterior y posterior a la exposición Volumen Uno para ayudar a re-leer y comprender el momento de cambio que le dio curso a la Generación de los 80s en las artes visuales de la isla.

Un cartel para la exposición Volumen Uno del año 1981.
Cortesía de Rafael DiazCasas

Aldo Menéndez, en su intervención, fue voz del grupo de artistas que emergieron a finales de la década de los 70s. A su vez Torres-Llorca abogo del lado de aquellos artistas que siguieron los cambios que Volumen Uno propuso a la escena de las artes plásticas, mientras Pérez Monzón expuso su experiencia personal, desde su peculiar práctica artística, vinculada a la enseñanza del arte, los cambios que fueron sucediendo en el cómo creador desde sus años de estudiante a su adultez artística, hasta el momento que decidió dedicarse por entero a la docencia; y su retorno otra vez a la pintura.

Dentro del dialogo establecido con el público, René Francisco actualizo la problemática hasta los 1990s, refiriéndose fundamentalmente a la dinámica del modelo de enseñanza artística como posible motor y base para dinamizar cambios en las artes visuales.

El lapso de tiempo escogido por los organizadores, donde se centró la conversación lo marca la inauguración el 28 de julio de 1978 del XI Festival de la Juventud y los Estudiantes a 1984, cuando entre mayo y junio se inaugura la I Bienal de la Habana. Quedaban detrás lo años, hoy conocidos como los del Quinquenio Gris, tiempo en que persecuciones y prohibiciones se abrían camino de la manera más dura con el objetivo de la creación del llamado “hombre nuevo”. Momento peculiar e históricamente interesante pues iba quedando detrás la efervescencia de los primeros años de la Revolución de 1959 y se “solidificaba” una nueva sociedad bajo parámetros rígidos de dirección económica y social.

Menéndez, figura fundamental dentro del panorama de las artes visuales en la isla desde mediado de la década de 1960 hasta 1990 cuando emigra definitivamente a España (desde 1995 vive en Miami), se desempeñó como diseñador gráfico, director artístico de publicaciones gubernamentales, como el boletín del Consejo Nacional de Cultura y la revista Revolución y Cultura, funcionario de la UNEAC, fundador y director del taller de serigrafía Rene Portocarrero y miembro del comité organizador de la I Bienal de la Habana entre otras funciones. Durante los primeros años de la década de 1970s, como pintor, se asocia al movimiento Fotorrealista, que en Cuba tuvo corta vida.

Durante su intervención Menéndez distribuyo entre los asistentes un documento creado e impreso por él donde exponía alguno de los “logros del arte cubano durante el llamado quinquenio gris, que demuestran contrariamente a lo esperado la calidad de los productos artísticos de ese periodo, incluso su inconformidad manifiesta con la política cultural del estado”. En su peculiar forma de “debatir”, siempre validando la historia por su vínculo o roll personal en ella, colocándose en el centro, se abrió paso sin dialogar para dejar claro los “logros” antes de Volumen Uno, sin invalidar la visión revolucionadora que el grupo tuvo en la historia del arte en Cuba.

Una vista de la expo Volumen Uno con una instalación por Gustavo Pérez Monzón en el primer plano.
Foto: José Manuel Fors, cortesía de Rafael DiazCasas

Por otra parte, Torres-Llorca, miembro de los entonces novísimos once artistas que el 14 de enero de 1981 exponían en el Centro de Arte Internacional que sin intensión profesa renovó desde entonces los presupuestos del entendimiento del Arte en Cuba, se oponía con vehemencia a la posición expuesta por Menéndez, y dejaba claro como Volumen Uno fue no solo la única posición artística revolucionaria en ese momento sino la sola vía de hacer arte con búsquedas estéticas renovadoras. Como parte de Volumen Uno expusieron Flavio Garciandia, Tomás Sánchez, José Manuel Fors, José Bedia, Gustavo Pérez Monzón, Ricardo Rodriguez Brey, Leandro Soto, Israel León, Juan Francisco Elso, Rubén Torres-Llorca y Rogelio López Marín (Gory).

Una vista de la expo Volumen Uno, 1981
Cortesía de Rafael DiazCasas

Es indiscutible que historiográficamente el gesto artístico que esta exposición implico tiene solo comparación con la Exposición de Arte Nuevo auspiciada por la Revista de Avance en 1927 y la exposición Once Pintores y Escultores de abril de 1953, en la Rampa, que le dio origen a Los Once, donde también un grupo de once jóvenes se oponían al arte establecido.

Aunque Volumen Uno no tuvo  manifiesto o postulado teórico explicito de ruptura con la modernidad que hasta ese momento las directrices culturales promovían si avizoro los cambios por venir, y abrió las puertas a la creación sin que la cacareada identidad nacional fuera el súper objetivo de búsqueda artística. Las obras expuestas fueron la respuesta oportuna de los jóvenes artistas nacionales a los presupuestos que el arte discutía internacionalmente en ese momento, los vínculos de este y la vida cotidiana. Esta fresca producción artística no seguía exprofeso una posición política ideológica que se identificara con sistema socio económico alguno.

José Bedia, Doce cuchillos, 1983
Cortesía de The Farber Collection

Como idea de reacercamiento al re-análisis del periodo, entre los panelistas exponentes no se logró crear un espacio real de discusión que estimulara el dialogo entre ellos y/o con el público presente, y los principales ponentes se sentaron en sus puntos de vista defendiéndolos sin conversar.

En la conversación hubo espacio para los recuerdos, las anécdotas y con ellos la nostalgia. Anécdotas como de donde salió el nombre escogido para la exposición, idea originalmente propuesta por Gory teniendo como referencia el Volumen I del álbum del grupo de rock and roll Led Zeppelin.

Los asistentes en el evento en CIFO.
Foto: Rafael DiazCasas

En respuesta a una pregunta del público, Rene Francisco, como espectador y participe del momento histórico, hablo de sus recuerdos en cómo se instrumentaba el control ideológico sobre los estudiantes desde las cátedras del Instituto Superior de Arte. También remarco sobre el papel de Flavio Garciandia, artista y docente de excepción, quien abogo por la enseñanza del arte sin que este se dogmatizara o politizara. No olvido puntualizar la alta calidad de la enseñanza, tanto teórica como práctica, en el Instituto Superior de Arte en ese momento, protagonizada por artistas y profesores de primera línea, ellos Consuelo Castañeda.

Flavio Garciandía, Segundo viaje de Marco Polo, 1992
Cortesía de The Farber Collection

En el público se sintió la ausencia de varios, como Castañeda o Arturo Cuenca, pilares artísticos pos Volumen Uno, así como Bedia por mencionar solo algunos. Ausentes también estuvieron aquellos que como Aldo Menéndez ayudaron a definir la escena artística antes de 1981, pero sin duda la memoria queda marcada, la semilla plantada y la discusión entre abierta.

El comentario más interesante del público vino de una de las miembros del equipo curatorial de la colección de Jorge Pérez, quien puntualizo como la generación de los 80s está volviendo a la palestra pública pero este fenómeno le da las espaldas a Miami, ciudad donde se encuentra el mayor asentamiento de artistas de esta generación. Detallando, que de sus miembros Pérez Monzón, quien desde los 90s vive en México está exhibiendo en CiFO y lo hizo antes en el Museo Nacional de Bellas Artes de la Habana, como lo estaba haciendo Carlos Garcia de la Nuez, que tampoco vive en el Sur de la Florida.

Gory (Rogelio López Marín), de la serie Nowhere Land, 2006, incluido en la expo retrospectiva presentado en 2015 en Aluna Art Foundation, Miami
Cortesía de Aluna Art Foundation

En el aire aún queda su pregunta: ¿Cuáles son las posibilidades que se les ha abierto en la isla a aquellos artistas radicados en Miami?. Desde que el panel tuvo lugar en Abril y hasta la fecha se ha sabido, que Glexis Novoa, radicado en Miami y que recientemente ha abierto estudio en la Habana, tendrá próximamente una exposición personal en el MNBA.

No hay dudas que el lleno de público, fue de lujo, pues pocas veces se había visto antes juntos una cantidad tan numerosa de artistas de origen cubano de diversas generaciones y que hoy día viven en lugares tan distantes como Ámsterdam, México DF, New York o la Habana. El éxito del encuentro es sin dudas una muestra de los cambios políticos esbozados últimamente, pues hubiera sido impensable tal concentración de artistas en Miami bajo otras condiciones.

Colegas que no se habían visto en más de dos décadas se encontraron nuevamente físicamente, como los miembro de Puré: Ana Albertina Delgado, Adriano Buergo, Ciro Quintana y Lázaro Saavedra; Ermy Taño no estuvo.

Adriano Buergo, Roto, 1990
Cortesía de The Farber Collection

La generación de Volumen Uno: La escena del arte producido en Cuba entre 1978 y 1984 fue sin dudas un suceso significativo, a pesar de la falta relativa de dialogo real. Fue sin cuestionar un ejercicio democrático y una forma inteligente de tratar de estimular la conversación desde todas las partes, capacidad que los cubanos hoy día hemos perdido. Para muchos fue una invitación a revisitar los logros y aportes de la Generación de los 80s, esa “generación perdida” que se le negó visibilidad después de una emigración casi masiva.

El evento fue una bienvenida al acto de recuperar la memoria, preservarla y enriquecerla sin ninguna otra agenda que esclarecer la historia del arte en Cuba.

Rafael DíazCasas historiador del arte y curador independiente con sede en Nueva York. Interesado en Arte Moderno y Contemporáneo, con un enfoque en Arte Latino Americano. Él escribe sobre el arte y la cultura para varias publicaciones. Co-Autor Hard Light: The work of Emilio Sanchez, Prestel, Londres – New York, 2011. Actualmente está trabajando en una monografía y un documental sobre la historia de la abstracción en la segunda mitad del siglo XX en Cuba.