El panel de artistas con Yunekys Villalonga, moderadora, al centro. A la derecha, detrás del podio, Elizabeth Cerejido, organizadora del simposio Dialogues in Cuban Art.
Foto: René Azcuy

En la Parte 1 de nuestro informe sobre «Diálogos en el arte cubano: Programa de intercambio de artista entre La Habana y Miami,» Janet Batet se centró en el panel que resume la historia del arte cubano en Miami. A continuación, ella vuelve al centro del simposio: los paneles de artistas y curadores de ambos lados del Estrecho.

“The Lost Generation”

Las imágenes usadas como apoyatura visual durante las intervenciones del panel de galeristas, dealers y coleccionistas de arte –en una suerte de metáfora visual redentora- incorporaban de manera subrepticia, como cauce magnífico, un grupo de artistas que ha sido parte neurálgica en el arte cubano contemporáneo así como del  desarrollo de la escena artística local del sur de La Florida y que, sin embargo, no formaron parte del simposio de dos días Dialogues in Cuban Art.

En su intervención en el panel del arte cubano en Miami, Howard Farber, editor de Cuban Art News, mostraba obras por artistas cubanos en Miami, como Ciencia e idología: Che, 1987–88, por Arturo Cuenca. La obra está parte de la Colección Farber.
Foto: René Azcuy

Dialogues in Cuban Art es un esfuerzo más que bienvenido que abre puertas a la continuación de un diálogo imprescindible entre todos los factores interactuantes de esa maravillosa y accidentada aventura que es el arte cubano contemporáneo –y justo por su misión de superar barreras estrechas que han estigmatizado la definición de arte cubano contemporáneo a los largo de varias décadas, Dialogues In Cuban Art adolece de este vacío, tal vez, accidentalmente heredado de una aproximación tendenciosa al arte cubano tanto dentro como fuera de la isla.

Tan sólo repasar la lista de los artistas invitados al simposio se avizoran, a grandes rasgos, tres grupos fundamentales: artistas nacidos y formados dentro de Cuba quienes, residen y producen en la isla (entre ellos Lázaro Saavedra, Sandra Ceballos, Ernesto Leal, Yornel Martínez); artistas cubano-americanos que han nacido  o crecido fuera de Cuba y cuya formación profesional y obra se producen fuera de la isla (entre ellos Emilio Pérez, Leyden Rodríguez-Casanova, Bert Rodríguez, Mannie Prieres); y, por último, una categoría más reciente que aflora en el panorama del arte cubano alrededor del nuevo milenio y que Elizabeth atinadamente clasifica como “trasnacional” y donde se engloba la obra de artistas que viven y producen a ambos lados del estrecho de La Florida (como son los casos de Sandra Ramos, Alexandre Arrechea y, más recientemente, Glexis Novoa).

Sin embargo, hay un grupo vital e ineludible dentro de la historia del arte cubano contemporáneo que ha quedado –una vez más- omitida en este diálogo. Me refiero a ese grupo de artistas cubanos que habiéndose educado en Cuba y formado parte crucial del denominado Movimiento de Nuevo Arte Cubano, no estuvieron integrados a este diálogo, reiterándose una vez más esa omisión tendenciosa de la que han sido víctima muchos de los artistas de este grupo, la mayoría de ellos residentes en Estados Unidos y, específicamente, en Miami. Por mencionar algunos nombres ineludibles en estas conversaciones estan, José Bedia, Rubén Torres Llorca, Leandro Soto, Rogelio López Marín (GORY), Arturo Cuenca, Consuelo Castañeda, Humberto Castro, Juan-Si González, Ana Albertina Delgado, Adriano Buergo, Ciro Quintana, Tomás Esson, Carlos Rodríguez Cárdenas y Juan Pablo Ballester.

En el primer panel, mi intervención dirigida a Elizabeth Cerejido (moderadora del mismo), ponía en evidencia esta omisión. Elizabeth explicaría que ese grupo era una parte importante de esas conversaciones y que el encuentro en CIFO había procurado darle un espacio a esa generación, lo mismo que las visitas a estudios de artistas, apuntando que la mayoría de estas figuras prefería un “ambiente íntimo” y agregando que ello “evidenciaba la vacilación de ambas partes en términos de cómo ellos querían ser incluidos en estas conversaciones.”

Bajo el Título “The generation of Volumen Uno: The scene of the production of Cuban art during 1978-1984” CIFO acogió un conversatorio en el contexto de la exposición Gustavo Pérez Monzón: Tramas. La charla, enfocada en las diferentes narrativas del momento, contó con la participación de Aldo Menéndez, Gustavo Peréz Monzón, Rubén Torres Llorca, René Francisco Rodríguez y Elsa Vega.

Artistas en el panel en CIFO Art Space. De la izquierda: René Francisco Rodríguez, Rubén Torres-Llorca, Aldo Menéndez, Gustavo Pérez Monzón, and Elsa Vega.
Foto: René Azcuy

Los artistas de esta generación incluidos en el itinerario de Dialogues In Cuban Art son Ana Albertina Delgado, Adriano Buergo, Jose Bedia y Ruben Torres Llorca (como parte del encuentro/tertulia en Blue Door Fine Art), la visita al studio de Rubén Torres Llorca y la visita guiada a Panamerican Art project con Gustavo Acosta, así como el encuentro programado por CIFO.

El arte cubano desde el ojo institucional… y no.

El panel de discusión dedicado a las instituciones cubanas, moderado por Eugenio Valdés Figueroa (director de CIFO), e integrado por Aylet Ojeda (curadora del Museo Nacional de Bellas Artes), Ibis Hernández (curadora del Centro Wifredo Lam y del equipo curatorial de la bienal de La Habana), Onedys Calvo (curadora de Factoría Habana), Nahela Hechavarría  (curadora de arte contemporáneo de La Casa de las Américas) y Sandra Ceballos, (fundadora y directora de Espacio Aglutinador) resumió el quehacer de las instituciones cubanas en la promoción y sistematización del arte cubano contemporáneo.

Ibis Hernández relató los esfuerzos y papel medular del Centro Wifredo Lam y La Bienal de La Habana en el cambio de correlación de fuerzas dentro del panorama tradicional de la bienales de entonces en el reconocimiento del arte considerado hasta entonces como periférico y, dentro de ello, del arte cubano. Nahela Hechevarría puntualizó un hito vital cuando en 1995 la Casa de Las Américas acogiera la exposición de Ernesto Pujol, Los hijos de Pedro Pan, dedicada, in memoriam, a Ana Mendieta. La intervención de Aylet Ojeda, por su lado, repasaba, la colección de arte contemporáneo del Museo Nacional de Bellas Artes y su esfuerzo por la apropiación y readecuación del espacio del museo en pos de dar mérito a esta importante faceta del quehacer artístico cubano.

Sandra Ceballos del Espacio Aglutinador, durante el panel de curadores de la isla.
Foto: René Azcuy

La refrescante y atinada intervención de Sandra Ceballos, al establecer las razones por las que apareciera Espacio Aglutinador, puso en perspectiva el momento de inmovilidad institucional experimentado en Cuba desde finales de los años ochenta, apunte indispensable para entender la razón de surgimiento del espacio y de la salida masiva de artistas cubanos a finales de la década de los años ochenta y principios de los noventa:

No se puede hablar de espacio Aglutinador y no sería sensato hacerlo si no me remonto un poquito más atrás a los finales de los ochenta cuando la censura en cuba estaba muy reacia y se cierra el proyecto Castillo de La Fuerza, un evento donde participaban muchos artistas, de los cuales hay algunos aquí, también yo tenía una muestra personal allí. Ese proyecto se cierra e inmediatamente se suspende también, de manera muy drástica, el Proyecto G que estaba organizado por tres personas, dos de ellos artistas, que eran Juan-Si González, Crespo y Eliseo Valdés. En este caso, al suspenderse el Proyecto G, caen presos dos de esos artistas, Juan-Si y Crespo.

Posteriormente, en 1990, se hace la muestra colectiva, en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, El Objeto Esculturado. En la misma, el artista Ángel Delgado hace una performance que le costó seis meses de cárcel. Todas estas cosas juntas más sumarse también la muestra de Ezequiel Suárez, Frente Bauhaus, suspendida en la Galería 12 y 23 es que nos reunimos un grupo de artistas y el curador Orlando Hernández y pensamos que era muy necesario que existiera este espacio de tolerancia en La Habana donde los artistas pudieran crear, interactuar y variar un poco la palestra cultural cubana que eran siempre los mismos artistas exhibiendo en las galerías.

El Espacio Aglutinador pronto se convirtió en un elemento de oxigenación vital. Allí se sucedían exposiciones, tertulias, encuentros con críticos. Se recuperó la obra de artistas cruciales dentro del arte cubano como Chago Armada o Cleva Solís. Aglutinador también acogió a esos artistas que, jugando un papel protagónico dentro de la primera y segunda generación de los años ochenta en Cuba, habían salido del país y no se incluían en las exposiciones organizadas por la instituciones cubanas. Entre ellos Martha María Pérez Bravo, Arturo Cuenca, Glexis Novoa, Ángel Delgado o Leandro Soto. También expuso obras de artistas cubano-americanos como Ana Mendieta, Ernesto Pujol y Coco Fusco, convirtiéndose el denodado esfuerzo personal en referencia obligada para la reconstrucción de la historia del arte cubano contemporáneo más allá de prejuicios y compartimentos baldíos.

Paneles de artistas.

Subdivididos en dos sesiones, el panel Dialogues:  Cuban and Cuban-American Artists in Conversation, en un esfuerzo por estimular el diálogo y los puntos convergentes, aglutinó artistas cubano-americanos y artistas cubanos que discursaron acerca de su quehacer artístico, permitiendo al público asistente un acercamiento a las propuestas de los artistas que conforman Dialogues in Cuban Art.

El primer panel, moderado por René Morales, curador del PAMM, estaba integrado por Humberto Díaz, Bert Rodríguez, Reynier Leyva Novo, Marcos Valella, Juana Valdés, Ruben Millares, Felipe Dulzaides y Wilfredo Prieto.

Otra vista del panel de artistas con Yunekys Villalonga, al centro, como moderadora.
Foto: René Azcuy

El segundo, moderado por Yuneikys Villalonga, directora asociada del programa de exhibiciones del Bakehouse Art Complex, estaba integrado por Glenda León, Ernesto Leal, Inti Hernández, Yornel Martínez, Leyden Rodríguez Casanova, Lázaro Saavedra y Manny Prieres.

La intervención de Sandra Ramos en el panel de artistas «transnacionales».
Foto: René Azcuy

A estes grandes paneles habrían que sumar el de la sesión inaugural del evento, Shifting Perceptions, Transnational Movements between Miami and Havana, donde se incluyó la obra de artistas cubanos (Sandra Ramos, Glexis Novoa, Emilio Pérez y Alexandre Arrechea) que viven y trabajan de uno y otro lado del Estrecho de La Florida y donde las intervenciones apuntaron a las condiciones sui generis dentro de la producción del arte cubano de esta categoría que, si bien relativamente reciente, es, sin lugar a dudas, creciente.

Dentro de este panel, la intervención de Glexis Novoa apuntó al todavía persistente estigma que para el artista cubano significa estar o no radicado en la isla:

Es muy curioso cómo tanta gente están interesadas en el arte cubano. Van a La Habana y visitan tantos estudios de artistas que viven en La Habana, pero ni siquiera se molestan en visitar los estudios de artistas cubanos fuera de Cuba, incluso en Miami o Nueva York. Esto es algo muy interesante para mí. Van a visitar mi estudio en La Habana y ellos viven en los Estados Unidos. Ellos quieren verme en La Habana. No quieren verme en los Estados Unidos.

Artistas «transnacionales»: De la izquierda, Glexis Novoa, Emilio Pérez, Alexandre Arrechea, Sandra Ramos y la moderadora Elizabeth Cerejido.
Foto: René Azcuy

Otro hecho sintomático, apuntado más tarde por el mismo artista durante la sesión dedicada a las instituciones cubanas, es testimonio de cómo  aún persisten caprichosas e inexplicables zonas de censura entre las instituciones cubanas. Aún cuando Glexis había sido bienvenido de regreso en La Habana y el Museo Nacional de Bellas Artes prepara presentemente una exposición personal suya para este verano, se le negó al artista la participación en las conversaciones desarrolladas en Casa de Las Américas que tuvieran lugar entre el 4 y 5 de junio en La Habana, como parte de Dialogues In Cuban Art.

Epígrafe.

Dialogues in Cuban Art es una magnífica puerta. Un puente que se tiende al infinito y nos invita a todos sumarnos a este esfuerzo, a convertirnos en partícipes activos de esta revisión continuada, de esa labor de recopilación, inclusión y reconciliación que permitirá, a la larga, la reconstrucción y salvaguarda de esa aventura magnífica que es el arte cubano. Para ello, se impone un foro mucho más amplio, la incorporación mancomunada de artistas, instituciones, estudiosos y críticos, para la configuración de una plataforma sistematizada e inclusiva que, al fin, recomponga a cabalidad la historia del arte cubano contemporáneo en la era global.

Bajo, video clips de tres intervenciones del simposio: Alexandre Arrechea (en inglés), Lázaro Saavedra y Sandra Ceballos, cortesía de René Azcuy.

Janet Batet (La Habana, Cuba) es curadora independiente, crítica de arte y ensayista. Actualmente vive en Miami. Ex investigadora y curadora del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales y ex profesora del Instituto Superior de Arte, ambos en La Habana. Sus artículos sobre las prácticas artísticas se publican regularmente en Art Nexus, Pulse Art, Arte al Día, Art Experience: NYC, y El Nuevo Herald, entre otros.