Ramón Loy, Autoretrato, sín fecha
Cortesía de Dayamí Cabrera González

Los artistas que emergieron antes del movimiento de la vanguardia permanecen aún entre los menos reconocidos en Cuba. La historiadora del arte y museóloga Dayamí Cabrera González nos introduce a Ramón Loy, una figura esencial de su “generación perdida”.

Cuando el 18 de julio 1986 fallecía el artista cubano Ramón Loy, la prensa cubana guardó silencio absoluto. Aún hoy, pese a su presencia en las salas permanentes del Museo Nacional de Bellas Artes, es un gran olvidado de las Artes Plásticas cubanas, su nombre y su obra han quedado relegados.

Ramón María Ajoy González nace el 31 de agosto 1894 en La Habana, hijo de Aniceto Ajoy (1848-1935), inmigrante chino, nacido en Hong Kong, y su madre la cubana Josefa González (1869-1950). Desde muy joven tuvo inclinación hacia la pintura, y realizó sus primeros estudios en la Escuela de Pintura, Dibujo y Escultura San Alejandro (est. 1818), en La Habana, donde tuvo como maestro al gran artista cubano Armando García Menocal. Para su inserción en el mundo del arte, decide el nombre artístico de Ramón Loy, que lo acompañaría hasta su muerte.

Respecto a su generación, una de las más infravaloradas en la historia del arte cubano, el crítico de arte Doramas de Sosa recordaba en un artículo publicado en la revista Bohemia:

por 1910 una serie de jóvenes pintores se reunían en un apartamento de la calle Galiano: Allí acudía diariamente una docena de jóvenes soñadores de futuro incierto… que se saturaban de la filosofía de Shakespeare y de Víctor Hugo, y de las poesías de Nervo y Rubén Darío (…) mientras los pinceles se deslizaban afanosamente.

Los doce jóvenes que menciona en su artículo el crítico de arte, son: Esteban Valderrama, A. Sánchez Araujo, Manuel Vega, Domingo Ramos, Eugenio González Olivera, Ramón Loy, Guillermo Álvarez, Guillermo Campo Hermoso, Pastor Argudín, Lino Villar, Periat y Cástor González Darna. Muchos optaron en sus años formativos posteriores viajar a Europa, excepto Periat, y al regreso formaron parte del claustro del prestigioso plantel de la Escuela de Pintura, Dibujo y Escultura de San Alejandro.

La muestra de Loy en el Museo Lezama inclyo también obras del Museo Nacional de Bellas Artes.
Cortesía de Dayamí Cabrera González

Loy es un artista que, por sus aportes formales y conceptuales, trasciende como uno de los grandes del arte pictórico cubano. Fue miembro activo de la comunidad cultural y literaria, dejó impronta en disímiles actividades como excelente grabador, escritor, profesor y crítico de arte. Su mirada crítica siempre persiguió lo autóctono, traducido en personajes, luz, color, o porque no, en su lucha como profesor en la Escuela San Alejandro por rescatar y volver modernas técnicas y modos de hacer el arte que identifica al cubano.

El retrato como mirada al individuo fue uno de sus generos preferidos.
Cortesía de Dayamí Cabrera González

Para algunos críticos, Ramón Loy está a medio camino entre la tradición y la vanguardia: durante su estancia en Antícoli Corrado, una aldea de Italia, las líneas, trazos y colores, se modernizaron; pero la llegada a San Alejandro lo envolvió en la tradición nuevamente. Había estudiado allí y seguía de alguna manera el camino de los maestros. Los años vividos por Loy en Europa fueron muy intensos para su formación y valía como artista, amplía sus estudios, hace frecuentes viajes, visita museos, academias y talleres de pintura.

A su regreso a Cuba en 1923, realizó diferentes exposiciones personales y colectivas. Expuso en la Asociación de Pintores y Escultores, el año 1923; en el Salón de “Las Galerías” en julio de 1923; en la Asociación de Pintores y Escritores en mayo de 1924; y en el Salón del Diario de la Marina en 1927, año cuando participa en el Salón de Arte Nuevo, que lanza el arte moderno en la isla.

Entre 1931 y 1934 reside en París, donde formó parte del llamado Grupo Internacional de Pintores, que luego pasó a denominarse Formas y Colores. Los integrantes del grupo eran Jean Toth, Gaston Vincke, Raymond del Val, Jeanne Bernard Fortin, Raquel Balmori, Ginés Parra, procedentes de varios países de Europa.

Ramón Loy, En la taberna, sín fecha
Cortesía de Dayamí Cabrera González

Con ellos, Loy alterna exposiciones en Cuba con otras en Europa. Expone con el Grupo Internacional de Pintores; en Madrid, en la Exposición Nacional de 1916; las Exposiciones Colectivas en París, en 1932; en La Habana, en la Exposición de la Universidad de La Habana en 1940; Ayuntamiento de La Habana, 1941; en el Capitolio, 1943; Círculo de Bellas Artes y los Salones Nacionales de 1934 y 1946, en estos dos salones organizados por el Ministerio de Educación obtuvo dos Primeros Premios. En la Exposición Ibero-Americana de Sevilla del año 1928, obtuvo Diploma de Honor.

Ramón Loy, Duo de músicos, sín fecha
Cortesía de Dayamí Cabrera González

La crítica de arte siempre sedujo al creador, muchas publicaciones fuera y dentro de Cuba, ya habían visto el calibre de la pluma del artista. En abril de 1949 comienza a publicar en Alerta, periódico de su amigo Ramón Vasconcelos. Desde entonces hasta finales de 1957 será el periódico que recoja un mayor número de artículos de Loy, en su etapa de plenitud como crítico de arte.

Se rodeaba de grandes profesores y amigos de la talla de Teodoro Ramos Blanco, Rivero Merlín, Enrique Caravia. Compartió espacios -llegando a establecer amistad con intelectuales y artistas como Fidelio Ponce, Juan Marinello, Nicolás Guillén y Feliz Pita Rodríguez, a quien acogió en su casa estudio. Su colección personal de arte cubano se nutrió de estos cruzamientos entre el arte y la amistad.

La actividad creativa de Loy decreció paulatinamente hasta su total desaparición de la vida pública. Quedó solo, no tuvo hijos y se encerró en su casa-estudio de San Francisco No. 216.

A la izquierda, la autora y curadora Dayamí Cabrera González, junto a la familia de Ramón Loy y colegas
Cortesía de Dayamí Cabrera González

El 29 de agosto 2014, en el Museo Casa Natal José Lezama Lima, fue inaugurada una exposición en homenaje al 120 aniversario de su natalicio. Con 32 obras, fundamentalmente óleos sobre lienzo, así como obras prestadas por el museo Nacional de Bellas Artes, y fotos del artista, Loy desde el largo sueño del olvido mostró apenas un fragmento de la producción artística de uno de los creadores más significativos de la plástica cubana; un artista que aún constituye un desafío para la historia del arte en Cuba.

Dayamí Cabrera González (La Habana, 1969) Licenciada en Historia, Universidad de la Habana. Máster en Conservación y restauración del Patrimonio, Instituto Superior de Arte. Especialista del Centro Provincial de Patrimonio Cultural de Ciudad de la Habana.