Eduardo Ponjuán, Unmonumental, 2014 (módulo izquierdo)
Cortesía de MNBA and Eduardo Ponjuán

Premiado en el año 2013 con el Premio Nacional de Artes Visuales, la muestra individual de Eduardo Ponjuán abrió el pasado año en el Museo Nacional de Bellas Artes. Para el artista fue un duro proceso, su madre murió mientras pintaba para la muestra. La crítica y curadora Maeva Pereza refleja su visión de Bésame mucho.

Para ver más imágenes de la muestra, visite el álbum de fotos en la página de Facebook de CubanArtNews.org.

Los signos que maneja Eduardo Ponjuán siempre han estado traspasados por un aliento lingüístico, por la alternancia de escrituras pictóricas y otros intertextos que el artista gusta de revisitar incesantemente. De este modo, gran parte de su trabajo se acerca a preceptos filosóficos y referentes literarios traducidos en piezas artísticas. Toda su obra ofrece esa duplicidad entre hecho visual y fabulación. Mas en su reciente muestra Bésame mucho, ubicada en el Museo Nacional de Bellas Artes y realizada con motivo de su Premio Nacional de Artes Plásticas; el artista cambia su modo habitual de establecer dicha relación. Ponjuán prefiere sorprender, sin abandonar los tópicos y motivos que le son comunes, pero esta vez cambiando el valor de los intertextos.

Bésame mucho es el título de un bolero famoso de Consuelo Velázquez. Dentro de la muestra, es el elemento que conecta al artista con un pasado casi sacro y una ternura que no pocos creían extinta en su trabajo. La exhibición se construye en torno a la memoria y al vacío, como esfera comunicativa que también posibilita el recuerdo, la evocación.

Es necesario hablar de dos momentos que acontecen al interior del conjunto, potenciados por esas duplicidades que Ponjuán usa para sorprender, para exorcizarse de tradiciones impuestas y abordar nuevamente su obra con una frescura desconocida. Aquí necesariamente tendríamos que abordar esas bifurcaciones entre objeto y concepto, entre signo lingüístico y pictórico, entre imagen y ser. Esta distinción, tan poco lineal como las otras, acontece entre afuera y dentro, entre mostrar y no mostrar como una estrategia de confesión ante el vacío.

Eduardo Ponjuán, Unmonumental, 2014 (módulo derecho)
Cortesía de MNBA and Eduardo Ponjuán

A modo de una composición musical, hay un cambio de ritmo en la muestra. Primeramente el receptor se enfrenta con una suerte de nichos o vitrinas, situados a la entrada de la sala expositiva; en ellos Ponjuán visibiliza disímiles elementos, pistas para asumir el silencio que sobrevendrá después. Las pequeñas instalaciones juegan a acercar sentidos separados, a mostrar los objetos que conectan al artista con algunas zonas de su pasado. En ellas pueden verse dibujos, un duende de juguete colocado encima de un montículo de tierra, obras donde convergen Mickey Mouse y Wifredo Lam, o el pedestal de una escultura de Loló Soldevila que el artista encontró por azar. Se trata de objetos de significado íntimo, a través de ellos Ponjuán exterioriza el contenido de su bitácora para adentrarnos en la psicología.

Detalle de Eduardo Ponjuán, Unmonumental, 2014 (módulo derecho)
Cortesía de MNBA and Eduardo Ponjuán

Entre estas piezas de aliento performático se encuentran dos que por su gestualidad logran mayor impacto en el receptor. En una de ellas, el artista toma un libro sobre escultura y le coloca encima un retrato de su abuela, denodando la carga conceptual, acercando la obra a lo biográfico.

Detalle de Eduardo Ponjuán, Unmonumental, 2014 (módulo izquierdo)
Cortesía de MNBA and Eduardo Ponjuán

En la otra pieza, yacen dos manos sostenidas como marionetas que escenifican una relación entre los seres asociada a dar y recibir; una mano ofrece a otra pequeñas cuentas de colores, tesoros intrascendentes que en ese contexto logran significar. Estas obras no solo marcan agudos contrastes visuales, pues culminan además la narrativa del resto del conjunto.

Detalle de Eduardo Ponjuán, Unmonumental, 2014 (módulo izquierdo)
Cortesía de MNBA and Eduardo Ponjuán

Así Ponjuán, como si estableciera un antes y un después en su obra y también en Bésame mucho, nos convida a introducirnos en el universo pictórico de la exhibición. Un mundo ajeno a las voces, a los asideros que conectan la memoria con el presente y los estados vitales con los ciclos estéticos. Los grandes lienzos –todos presentan dimensiones de dos metros o más– recuerdan, en la síntesis alcanzada, la visualidad de las obras de su muestra El ladrón de las manos de seda. Pero los presentes trabajos tienen un punto común; todos refieren como centro de las composiciones objetos que se emplean para preservar el recuerdo a través de diferentes vías sensitivas.

Vista general de Eduardo Ponjuán: Bésame mucho en el MNBA
Cortesía de MNBA and Eduardo Ponjuán

Las postales y hojas arrancadas de cuadernos están sometidas a un vacío absoluto, muestran un relato sin palabras, logrando comunicar mediante los silencios que el artista estimula. Su experimentación con lecturas de filosofía oriental, le ha hecho conocer que el silencio comunica y que las palabras no son el único modo de exteriorizar la realidad. Ponjuán expresa la imagen, de un modo tan suyo y tan íntimo que sobrecoge; en este sentido las palabras de presentación al catálogo, escritas por Corina Matamoros, curadora de la exposición, ilustran lo anterior:

(…)Hiperrealidades se ven en estos lienzos: una hoja de papel rayado esperando una caligrafía que no llega; un pos-it en blanco, un negativo Polaroid, el rasgón de una hoja, el reverso de una postal sin dirección ni dedicatoria, tres hojas vacías… Hay aquí soledades, vacíos, despejes. Hay un pintor que huye hacia el límite de la representación por el camino de una profunda depuración de imágenes (…).

Si bien las hojas sueltas pueden estar sometidas a la pérdida y a la nada, Ponjuán no se acerca solo a la desolación de los textos que deberían ocupar estas páginas, sino además a los negativos vacíos de fotografías que, aunque no ofrecen imagen alguna, dejan ver la huella humana en la mancha de una taza de café; una escena que interrumpe la constante mutis del artista.

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Eduardo Ponjuán, Polaroid I, 2014
Cortesía de MNBA and Eduardo Ponjuán

Del mismo modo, la pieza 45 RPM, muestra un disco de vinilo saliendo de su estuche, igualmente vacío, sometido a la trascendencia del no decir que estipula el artista. Solo se advierte la frecuencia de la transmisión, uno de los escasos datos ofrecidos. Paradójicamente, las obras articulan un diálogo con el todo a través de la nada, se trata de un estimulante trasiego conceptual que se materializa en la fuerza visual de las composiciones.

Eduardo Ponjuán, 45 RPM, 2014; a la derecha, una vista parcial de Eduardo Ponjuán, Bésame Mucho, 2014
Cortesía de MNBA and Eduardo Ponjuán

Los títulos de los trabajos se alejan de la retórica que en otro momento utilizó el artista y se regodean en lo denotativo, advirtiendo las distinciones de cada pieza. Solo dos ejemplos se apartan de esta intención; uno de ellos es Who cares?, una pregunta que transporta la obra a la rebeldía adolescente empleando la forma de los tenis, un motivo central dentro de la muestra.

Eduardo Ponjuán, Who cares?, 2014
Cortesía de MNBA and Eduardo Ponjuán

Asimismo, la instalación Bésame mucho, pieza fundamental del conjunto, toma el mismo leitmotiv pero escenifica los zapatos tenis colgados en los tendidos eléctricos, situándolos -en este caso- en una suerte de pentagrama que sirve de enlace entre recuerdo y presente. Esta obra no solo señala una etapa de ternura, armoniza además la aparente desconexión entre significantes y significados al interior de los cuadros, enlazan al presente las remembranzas que Ponjuán muestra y, a la vez, esconde celosamente.

Eduardo Ponjuán, Bésame mucho, 2014
Cortesía de MNBA and Eduardo Ponjuán

Bésame mucho, es una exposición que deroga la frialdad del concepto en la obra para mostrar cómo el diálogo entre el artista y su creación es tremendamente vital y humano. Eduardo Ponjuán se desdobla otra vez jugando a confundir, a desorientar y a, aparentemente, cambiar de rumbo. Nada raro en un actor que trueca la memoria en mudez, los símbolos en representaciones; su propia autorreferencia en su doble.

Bésame mucho corre en el Museo Nacional al 1 febrero.

Maeva Peraza (La Habana, 1988). Lic. en Filología, trabaja como redactora para Ediciones Arte Cubano y colabora con revistas como Tablas y El Bisiesto. También ejerce la crítica de cine, escribiendo periódicamente para el portal web Cubacine. Artículos y poemas suyos se han publicado en varias revistas y sitios digitales cubanos e internacionales.