Alexis Esquivel, Unforgettable, 2014

El día 10 de diciembre de 2013, mientras Sudáfrica y el mundo rendían homenaje a Nelson Mandela, ex luchador contra el Apartheid, un hecho histórico sucedía bajo el contexto del homenaje. Rompiendo una tradición de cincuenta años de incomunicación pública entre ambos gobiernos, los presidentes de los Estados Unidos, Barack Obama, y de Cuba, el general Raúl Castro, se daban la mano por breves momentos. Incluso intercambiaron frases. “Yo soy Raúl Castro” enfatizó el mandatario cubano, en caso el inquilino de la Casa Blanca no lo reconociese.

El apretón de manos recorrió en tiempo real las pantallas de los telediarios del mundo, y asaltó las redes de Twitter y Facebook. Desde España, en la fría ciudad de Salamanca, el artista cubano Alexis Esquivel contempla la inédita escena y sonríe: ésta es -sin duda- una imagen muy especial. Él colecciona de manera incesante las imágenes que producen los medios masivos de comunicación, y luego las incorpora como base para sus obras. Conocido en Cuba desde fines de los años 80, se define como un pintor de Historia. O más bien, como un pintor que interroga la Historia.

Sus lienzos son el laboratorio donde personajes históricos del presente y el pasado son extraídos de las fotos “oficiales” para ser “remixeados”, yuxtapuestos junto a artefactos culturales procedentes de otras épocas, o repintados según convenciones de obras famosas del arte occidental. Sus piezas, dotadas de cierto sabor surrealista y altas dosis de ironía, aparecen como densas capas, donde incluso son obvios los accidentes fortuitos al pintarlas. Pero no son “layers” producidos digitalmente mediante Photoshop, son hechos a mano y con brocha de pintor. Esquivel es un artista “tradicional”, ha expuesto en importantes museos del mundo y ha ganado espacio en importantes colecciones internacionales.

Para Esquivel, el apretón de manos entre ambos presidentes se revela tan significativo para la historia de Cuba como el cruce del río Delaware por el general Washington en 1776, pintado en 1851 por el artista de origen alemán Emanuel Gottlieb Leutze. Ciertamente, la imagen que el cubano va creando en el lienzo con intensos y rápidos movimientos no será una obra común: la fuerza de las circunstancias la han convertido ya en crónica de una esperanza. Durante medio siglo, cubanos y norteamericanos han deseado resolver de una vez el diferendo político entre Cuba y el coloso del Norte. Ahora parece ser el momento propicio para cruzar el Rubicón: la administración Obama ha tomado medidas de flexibilización hacia Cuba, y en la isla, los cambios económicos han descongelado la ortodoxia oficial. Esta obra es el icono de un cambio.

Alexis Esquivel, Live President Subtitled in Chinese, 2011
Cortesía The Farber Collection

No es la primera ocasión en que Alexis refleja a Barack Obama; ya previamente en la serie “Memorial Garden” usó su imagen, bailando en medio de las pirámides egipcias, y en la obra “Live President”, acerca del viaje de Obama a China. Sin embargo, es la primera vez que un artista cubano retrata a Raúl Castro, que dirige la isla desde el año 2006. El hermano de Fidel -mucho más discreto y pragmático- no parece llamar la atención del arte crítico cubano, muy ocupado en las nuevas tecnologías y el Neo-conceptualismo.

El gran lienzo (540 x 254cm) que Esquivel pinta en una terraza de Salamanca (porque su apartamento era muy pequeño para un bastidor tan grande) no sólo retrata a los dos protagonistas dentro de un sereno jardín, casi edénico, sino también acude a la memoria musical, a la cultura popular. El título de la obra, Unforgettable (Inolvidable), hace un guiño irónico al espectador, y desata los acordes de la canción escrita por Irving Gordon en 1951 y que Nat “King” Cole interpretara ante cubanos y cubanas en el Cabaret Tropicana de Cuba, una noche fresca de febrero de 1958, apenas un año antes que las tropas rebeldes de Fidel (y Raúl) entraran en la ciudad, ya libre de Fulgencio Batista. Si una pintura es como un centauro, “mitad imagen, mitad palabras”, ésta es también una victrola, y una máquina del tiempo.

En el ala Oeste de la Casa Blanca, una copia del cuadro de Leutze recibe al visitante en la recepción; es un icono reconocible de la historia norteamericana. Cuando Cuba y Estados Unidos reconozcan finalmente sus semejanzas y diferencias (más las primeras que las segundas), quizás el cuadro de Esquivel encuentre también su sitio definitivo en un salón del habanero Palacio de la Revolución.

Este artículo pareció antes en el blog CAFÉ por Cuba (20 noviembre 2014). Reimpreso con permiso.

Abelardo G Mena Chicuri (La Habana 1962). Ex curador de arte contemporáneo del Museo Nacional de Bellas Artes, es consultor de la Colección Farber, Miami. Recientemente, ha creado en La Habana RM Estudio, una empresa de servicios de consultoría de arte para coleccionistas privados y corporativos.