Vicente Hernández, La torre de Babel, 2013
Cortesía de LaCa Projects

Una vena profunda de fantasía ha alimentado la imaginación de artistas de la talla de René Magritte y Salvador Dalí, ambos del Hieronymus Bosch. También es una realidad para la escena del arte contemporáneo en Cuba, donde el gusto por lo fantástico se puede ver en la obra de varios artistas. En Proyectos LaCa, un centro de reciente creación para el arte latinoamericano en Charlotte, Carolina del Norte, Cuba: Arte de lo Fantastico presenta cuatro artistas emergentes que llaman a la isla… casa.

Estos son extractos del ensayo del catálogo de Cuba: Arte de lo Fantástico por el comisario de la exposición Abelardo Mena Chicuri.

Cuatro artistas cubanos han aterrizado en Charlotte, gracias al esfuerzo de LacaProjects. Los visitantes de la isla más grande del Caribe incluyen a Juan Carlos Verdial, Alicia de la Campa, Alexander González y Vicente Hernández.

Verdial, De la Campa, González y Hernández están unidos por su afán de reinterpretar libremente símbolos de la cultura cubana – su geografía e historia , las religiones católica y populares de África, y los proverbios idiosincrásicos de la cultura popular cubana – así como por su profundo conocimiento y juego intertextual con obras emblemáticas de la pintura occidental, europea y estadounidense, en las cuales recogen su impulso artístico. Estos elementos “altos” y “bajos” están integrados en la creación de sus mundos fantásticos, de seres con aspecto humano y animal, mezclados con máquinas increíbles. La inspiración para estos mundos proviene de los parientes cercanos de los artistas, de sus obsesiones íntimas o situaciones traumáticas, donde el buen sentido y el delirio se fusionan sin transición.

Lejos del surrealismo de los artistas cubanos de la década de 1930 y 1960, y de las invocaciones de la ciencia ficción o escapes de ácido lisérgico que caracterizaron a las artes visuales cubanas durante los años 1970, la construcción de estos mundos fantásticos, sin duda, se debe a la ruptura con un panorama social problemático e incierto. Privados del optimismo político que nutrió la sociedad cubana durante el último medio siglo, pero arraigada en una tradición sólidamente expresiva, el trabajo de estos cuatro artistas se centra en el arte como una utopía individual, democrática y reconocible.

Juan Carlos Verdial, The Four Cardinal Points, 2013 (detalle)
Cortesía de LaCa Projects

Verdial: La condición fluída de la cubanidad.

En 1942, el escritor cubano Virgilio Piñera describía en su poema “La Isla en Peso” la condición insular de la isla como “la maldición del agua por todas partes”. El verso de Piñera, que ha sido citado en numerosas ocasiones por los artistas cubanos más recientes, hacía notar el aislamiento “natural” de Cuba frente a la tierra firme, al continente. Una certeza geográfica que sin dudas ha dejado huellas en la historia y la cultura cubanas.

Sin embargo, en las creaciones del pintor cubano Juan Carlos Verdial es precisamente la condición líquida, fluida, de nuestra geografía, el elemento que protagoniza sus mundos fantásticos. Como si el pintor fuese un sobreviviente de “Waterworld”, la anti-utopía futurista descrita por el cineasta norteamericano Kevin Kostner, en el universo de Verdial todo permanece sumergido bajo agua, o se relaciona con este elemento. Es como si la isla del Caribe se hubiese sumergido definitivamente en las cálidas aguas del golfo de México.

En estas visiones los humanos son siempre seres femeninos, amazonas desafiantes capaces de transmutarse en anémonas, sacar la cabeza suavemente hacia la superficie o emerger con soltura de la boca gruesa de un pez noble. Estas ninfas de un espacio líquido proceden de las Nereides creadas por la mitología griega, símbolos que nutrieron la pintura simbolista europea de fines del siglo XIX y que ahora el artista cubano ha tomado y transformado. El arte de Cuba salta del tiempo presente, y redescubre sus hipervínculos latentes con el pensamiento mítico occidental.

Alicia de la Campa, La vidente del puerto de mar, 2014
Cortesía de LaCa Projects

De la Campa: Mujeres en el lienzo

También grabadora e ilustradora activa para numerosas publicaciones culturales, De la Campa es una magnífica dibujante que prefiere el carnboncillo, esta técnica y concepto lo aprendió durante su estancia en la Academia San Alejandro, localizada en la capital cubana desde el siglo XVIII. Alicia lo descubre en sus propias palabras: “Aún cuando en el cuadro ya finalizado destaquen la atmósfera colorística y  soluciones plásticas indiscutiblemente pictóricas —como las veladuras o los énfasis de la impronta por la mancha—, el eje central, su estructura intrínseca, descansa en el dibujo. Esa es la pieza maestra, mi herramienta imprescindible para comenzar”.

La expresión autobiográfica de Alicia no es nueva en el arte cubano, es más bien una tónica compartida por otras creadoras como Magdalena Campos, Aimeé García, Marta María Pérez, Lidzie Alvisa, Sandra Ramos, Cirenaica Morera, Alicia Leal o Isolina Carrillo. Sin embargo, no encontraremos en sus lienzos una crónica evidente de la lucha cotidiana de las cubanas. Alicia recurre frecuentemente a escenas, poses, atuendos, o personajes extraídos del arte occidental,  que encuentra en los libros de Historia del arte. De ahí que su pintura extienda puentes hacia la pintura europea del Barroco y el Rococó. Sus mujeres son concebidas como diosas semidesnudas, ataviadas con complejos tocados donde se mezclan frutas, mariposas y aves, símbolos visuales que intentan compartir “un sentimiento que está por revelarse”.

Vicente Hernández, Still Life, 2013
Cortesía de LaCa Projects

Vicente Hernández: un pintor de la soledad

Sin embargo, en esa fecha la situación en Cuba ya no es acogedora para el arte utópico. En 1990 ha desaparecido la Unión Soviética, principal aliada económica y política del gobierno cubano por décadas. Cuba decreta el llamado “Período Especial” bajo el impacto de un corte brutal en los suministros de energía, de alimentos, y materiales para la economía. El transporte público colapsa, los cubanos descubren los favores de las bicicletas chinas mientras desayunan agua con azúcar para soportar el cansancio. Los cortes eléctricos duran de 8 a 12 horas. La vida se detiene mientras los corresponsales de prensa extranjera acuden a la Habana: quieren reportar al mundo la caída del bastión comunista del Caribe.

Graduado de profesor de Enseñanza Artística en Ciudad Libertad, el artista decide entonces retornar a su pueblo natal: Batabanó. Fundado en 1688 en el Sur de la provincia de La Habana, junto al golfo de igual nombre, el puerto de Batabanó floreció a inicios del siglo XX con la captura de esponjas, langostas y mariscos, y su exportación marítima hacia Estados Unidos y Europa. Pero Vicente encuentra un pueblo fantasma. Las actividades productivas tradicionales, que ocupaban a la totalidad de los habitantes, han sido sustituidas por la construcción familiar de balsas y embarcaciones. Los nativos de Batabanó han decidido emigrar, convertirse en balseros, y dejar que la corriente del golfo los lleve a mejor destino.

El pueblo se ha convertido en un astillero improvisado. Y para ello, cuentan con una materia prima inmejorable: sus propias casas. Hasta la década de los años 80, Batabanó era un museo al aire libre de la arquitectura “balloon frame”, propia del Far West y de las colonias de norteamericanos que se asentaron en Cuba.  Vicente contempla atónito como sus vecinos desmontan paredes y portales con las que construyen balsas y botes. Lo viejos cines y hoteles de madera –alivio para parejas impetuosas- desaparecen bajo la urgente necesidad de zarpar. El artista tiene entonces una epifanía, y toma los pinceles. Como si fuese motivado por la frase de Ernest Hemingway: “Every artist owes to the place he knows best to either destroy it or perpetuate it.”, Batabanó se convertirá desde entonces en… el centro geográfico y sentimental de su trabajo.

Hernández se convirtió en un arquitecto de las ruinas que representa detalladamente un edificio construido en casas de madera desgastados e iluminado por grotescas torres, deformadas de Babel. Uno de sus temas favoritos es el acto de volar. Todo el pueblo – calles, iglesia , residentes y todo se retratan al tomar vuelo , hinchados y transformados en un dirigible similar al Hindenburg, navegando en medio de la tormenta . Es una metáfora de la movilidad, del acto de volar sin tener una trayectoria exacta, porque en las imágenes de Hernández nada permanece conectado a tierra. Todo parece listo para despegar.

Alexander González, Satanas yoyico, 2011
Cortesía de LaCa Projects

Alexander González: La Violencia dulce de la Sinceridad

Del cuarteto de artistas seleccionados para Cuba: Arte de lo Fantástico, Alexander González es el nombre más joven que incluimos en este conjunto. Natural de Trinidad, villa fundada por los españoles del siglo XVI en el centro de la isla. La creación de Alexander funciona como una máquina de remixing que se nutre con numerosas imágenes, tomadas del mundo de los comics, la literatura, las religiones cristianas y las no occidentales, el ocultismo neopagano. El artista las funde a altas temperaturas bajo las urgencias de un espíritu romántico, casi atormentado, que genera sus mundos singulares. Sus lienzos, sean de gran o de pequeño formato, son realizados con un acabado detallado que recuerdan el arte de Frida Kahlo, pero han sido cargados con una energía subterránea, freudiana, que aleja al espectador de todo decorativismo tranquilizador. Él es capaz de unir de manera orgánica la dimensión grandilocuente del mexicano David Alfaro Siqueiros, el carácter íntimo del afroamericano Jean Michel Basquiat y la crítica social del expresionista alemán Otto Dix en un arte postmoderno, profundamente visceral y desgarrado.

Modela escenarios casi míticos, desérticos o suspendidos en el aire, por los cuales se mueven procesiones de seres innombrables, profetas y tribus del desierto, homínidos mezclados con animales, símbolos arcanos, personajes literarios transmutados. Estos personajes están poseídos por un movimiento indetenible, como si caminaran o volaran con prisa hacia un destino desconocido. Sus rostros son duros, en ocasiones no poseen mirada. En uno de sus obras, el pintor hace referencia su paisaje natal mediante la inclusión de una torre colonial propia de Trinidad, la torre Iznaga, transformada en una construcción propia de Chirico. En primer plano, ha situado un joven que posee tentáculos mecánicos en lugar de ojos. Carga una cesta repleta de ojos humanos, que reparte a quienes no pueden ver la realidad. Alexander es, de algún modo, ese muchacho cuya misión es dejarnos ver- tras las máscaras de lo cotidiano- un mundo irrepetible.

Cuba: Art of the Fantastic se presentará hasta el 2 de mayo en Proyectos LaCa – Arte Latinoamericano Contemporáneo en Charlotte, Carolina del Norte.

Abelardo G Mena Chicuri (La Habana 1962). Ex curador de arte contemporáneo del Museo Nacional de Bellas Artes, es consultor de la Colección Farber, Miami. Recientemente, ha creado en La Habana RM Estudio, una empresa de servicios de consultoría de arte para coleccionistas privados y corporativos.