Luis Cruz Azaceta, Tsunami V, 2012
Cortesía de Lyle O. Reizel Gallery y Luis Cruz Azaceta

Esta temporada se realizaron no una, sino dos exposiciones personales de Luis Cruz Azaceta. Una fue Falling Sky, abierta hasta el 15 de Diciembre en Lyle O. Reitzel Gallery, Santo Domingo, y Louisiana Mon Amour, abierta hasrta el 8 de Febrero en Acadiana Center for the Arts in Lafayette, Louisiana. Preocupaciones por el cambio climático, los desastres ambientales, y otras crisis, naturales y sociales, unen a ambas muestras.

En su ensayo para el catálogo de Lyle O. Reitzel, Janet Batet revela las claves de sus obras recientes, y los temas que ha explorado a lo largo de su carrera. Presentamos fragmentos de este texto sustancial: “Falling Sky:  el ecocidio como paisaje contemporáneo.”

La obra de Luis Cruz Azaceta (La Habana, 1942) ha estado cimbrada desde sus comienzos por la indagación en la condición humana contemporánea. Asistimos, pues, a un sujeto descentrado, víctima y exponente de circunstancias que lo sobrepasan y coartan su realización personal. Confrontado ante la dispersión migratoria, la violencia urbana, las pandemias, o las catástrofes naturales, el sujeto de la obra de Azaceta -privado de todo asidero- está siempre embargado por la omnipresente sensación psicológica de opresión, miedo y desconcierto que amenaza nuestra existencia. Si en un primer momento, identificado en el plano formal con el expresionismo gestual, esta sensación se hacía evidente a partir de la recurrencia a cuerpos desmembrados, decapitaciones y actos de canibalismo, ahora el individuo ha dejado de existir, siendo su huella palpable únicamente a partir de la catástrofe que lo aniquila.

Tal es el sentido de aprehensión que subyace en los paisajes de escalofriante belleza que conforman la serie Falling Sky, marcados por la sensibilidad abstracta donde el delicado trazo del dibujo y el manejo sopesado de las áreas de color, contrastan con el sentido de desastre que los anima.

Luis Cruz Azaceta, The Artist, 2011
Cortesía de Lyle O. Reizel Gallery y Luis Cruz Azaceta

A excepción de The artist (2011) y Fence (2012), donde todavía se atisba el humano, el resto de las obras constituyen paisajes abstractos donde coexisten formas de carácter orgánico y geométrico en denodado equilibrio tensional. En ocasiones, y a modo de cenefa que enmarca y constriñe, asoma la maquinaria en una suerte de alegoría social amenazante, expresión del deseo de control del medio natural, potenciador en definitiva, del caos retratado.

Las composiciones, cargadas del espíritu facetado de la descomposición cubista parece, en el plano simbólico, erigirse metáfora de la pérdida de confianza en el progreso que tipifica nuestra era, expresión definitiva del fracaso de la modernidad. Planos de colores vibrantes como gemas compelidos por aluviones de nubes negras, manchas de petróleo que se agigantan, objetos amenazantes que surcan el cielo, asoman como el nuevo paisaje contemporáneo.

Falling Sky tiene puntos de contacto vitales con otra serie reciente del artista. Me refiero a Shifting States, en la que Azaceta se concentraba en la incidencia de los cambios tecnológicos de puntera como expresión del omnipresente sentido de represión y vigilancia que caracteriza a la sociedad actual. Teléfonos celulares, drones, radares, torres de microondas que en alarmante simbiosis se integran a tipologías arquitectónicas como mezquitas y minaretes. Si en esta serie, la alegoría de poder se emplazaba en conflictos económicos, religiosos y militares que como pandemia azotan nuestra época, ahora, en Falling Sky, asistimos a una alegoría de mayor alcance, cuyo eje temporal revisa las bases históricas de nuestra sociedad, extendiéndose para ello hasta la instauración de la modernidad, momento culminante de la noción optimista de progreso sobre el que se sostiene la cultura occidental.

Luis Cruz Azaceta, Shifting States – Egypt, 2011
Cortesía de Luis Cruz Azaceta

El progreso, entendido como acumulación de conocimientos, virtudes, riquezas y fuerzas productivas, implica la capacidad del hombre de modificación de su entorno en pos de una sociedad mejor, que le acercan al estado de perfección y armonía. Justo en este momento, la irrupción del dibujo técnico asociado a las artes gráficas, arquitectónicas e industriales, hace eclosión. No es casual que las maquinarias de Azaceta aludan tipológicamente a esta rama técnica de la historia del arte. Sin embargo, la noción de progreso aparece fracturada en estos cuadros que se erigen cuestionamiento del zeitgeist de nuestra época. La maquinaria deviene cerco amordazante que asfixia el espacio natural.

Los temas recurrentes en estos paisajes del siglo XXI han cambiado drásticamente. Asistimos a huracanes, tornados, tsunamis, inundaciones, tormentas, derrames de petróleo, excavaciones, lluvias ácidas. El carácter fragmentado de la composición alude a la pérdida de la armonía y la amenaza del caos que se cierne como realidad inminente. En ocasiones (Tsumani III Tsumani V) el humano parece aflorar a partir de la unidad significativa del punto de color que como suerte de ente celular, unidad mínima potenciadora del cambio, es víctima de la fuerza avasalladora de la naturaleza que se subleva ante la terquedad de dominación del humano.

Luis Cruz Azaceta, Tornadoes V, 2012
Cortesía de Lyle O. Reizel Gallery y Luis Cruz Azaceta

El paisaje roto, habitado por zonas de color y zonas monocromas (Oil LandTierre BuenaTornadoes V), responde a la descomposición del orden natural y social de nuestra sociedad. Como contraste a la noción utópica que guiara a la modernidad, la obra de Azaceta se emplaza en la distopía. Expresión de esa sociedad indeseable devenida cotidiana, estos paisajes pesan como espadas de Damocles que lejos de retratar estados ficcionados, revelan el carácter de desintegración inminente de nuestro entorno actual.

Luis Cruz Azaceta, Falling Sky 1, 2013
Cortesía de Lyle O. Reizel Gallery y Luis Cruz Azaceta

La serie de lienzos que da título a Falling Sky, ofrece invariablemente vastos cielos negros sobre la línea del horizonte a ras del borde inferior del cuadro. Sobre el firmamento deambulan desperdigados elementos alusivos a nuestro pretendido desarrollo tecnológico (planos arquitectónicos, ruedas, tuberías, muelles), testimonio del ocaso de una sociedad en quiebra: compendio del colapso de la civilización Industrial.

De belleza amenazante, Falling Sky es un estado de alerta que alude a la necesidad de un cambio colectivo de urgencia que pueda -a tiempo- subvertir el inminente colapso de la sociedad actual erigida sobre la base del insaciable capitalismo global. Reflejo del declive material, el síncope ecológico y la incertidumbre social y política que nos acosa, tras estos paisajes apocalípticos, expresión del ecocidio que nos apremia, pareciera resonar como letanía y advertencia inaplazable ese viejo proverbio chino que reza: “Lo primero que hay que hacer para salir del pozo es dejar de cavar”.

Janet Batet (La Habana, Cuba) es curadora independiente, crítica de arte y ensayista. Actualmente vive en Miami. Ex investigadora y curadora del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales y ex profesora del Instituto Superior de Arte, ambos en La Habana. Sus artículos sobre las prácticas artísticas se publican regularmente en Art Nexus, Pulse Art, Arte al Día, Art Experience: NYC, y El Nuevo Herald, entre otros.