Oscar García Rivera, Comparsa, c. 1940
Cortesía de Juan A. Martínez y el Vero Beach Museum of Art

Vero Beach Museum of Art presenta la exposición Arte Cubano e Identidad: 1900-1950, muestra de pinturas de los primeros 50 años de la República de Cuba- época de construcción de la nación y la definición de lo cubano desde el arte. En extractos de su ensayo del catálogo “Representando lo cubano, Pintura Cubana 1900-1950”, el curador  Juan A. Martínez analiza el tema de la música en el arte de esta época.

En los primeros cincuenta años de la República (1902-1950) el arte cubano tuvo gran auge y alcanzó logros en la literatura y la música. Los llamados artistas modernos y académicos de varias generaciones produjeron un notable volumen de obras, con énfasis en la expresión de temas cubanos. El interés en explorar y visualizar temas de la identidad colectiva está estrechamente conectado con el surgimiento de una nueva república que trataba de definirse. Como suele ser el caso, una élite intelectual se dio a la tarea de imaginar la nación para todos los ciudadanos. En el caso de Cuba, este proceso se relaciona con el choque de las tradiciones españolas y africanas, una fuerte presencia de América del Norte, gobiernos volátiles, y los altibajos de la economía de monocultivo basado en el azúcar. Mediante el análisis de ambientes rurales y urbanos de la Habana, la herencia española y africana, y la percepción del entorno político y social, los artistas crearon una gran cantidad de relatos y símbolos de lo cubano, o lo que es cubano.

El objetivo de esta exposición es mirar la pintura cubana de los primeros cincuenta años de la República haciendo énfasis en el tema, más que en el estilo. Su objetivo es estudiar cuatro temas principales que se encuentran en la pintura académica o tradicionalista y moderna: el campo cubano, interiores de La Habana, las tradiciones religiosas y musicales.

Al representar la campiña cubana, los pintores tradicionalistas y modernistas se concentraron principalmente en el paisaje y en la vida del campesino o guajiro(a). La vida campesina fue idealizada como una pastoral. La tierra, la flora, las tradiciones rurales fueron vistas como una fuente importante de ethos nacional por ambos bandos.

En contraste con las imágenes de Cuba que muestran el campo como depositario de aquello que es auténticamente cubano, están los que representan a la ciudad de La Habana como el epicentro de la cultura cubana. Artistas modernistas y tradicionalistas pintaron las calles, la arquitectura y los interiores de la capital. El carnaval, las procesiones, los vendedores ambulantes, vistas de calles estrechas y pobladas de La Habana Vieja, el “barroquismo” de la ciudad, y la típica flora y fauna fueron símbolos no sólo de La Habana, sino de la propia Cuba.

Los conquistadores españoles aniquilaron a los indígenas taínos y a su cultura, incluyendo sus prácticas religiosas. Ellos no tuvieron tanto éxito con los africanos que luego trajeron como esclavos. En el siglo XIX, las religiones sincréticas de las creencias africanas y europeas se desarrollaron en la isla. Las tradiciones religiones europeas/españolas, Yoruba, Congo, y Calabarí se mezclaron en Cuba para dar paso a nuevas religiones como la santería, Palo Monte y Abakuá. Durante la época colonial hubo una amplia producción de pinturas religiosas para las iglesias católicas y los clientes adinerados, pero nunca hubo una escuela fuerte que nos diera pintores destacados en este género. En el periodo republicano hubo algunos pintores modernistas y tradicionalistas que representaron imágenes religiosas basadas en el catolicismo. Muchos de ellos pintaron versiones poéticas de figuras y prácticas religiosas afrocubanas desde finales de la década de 1920.

Dado el importante papel de la música en la cultura cubana no es de extrañar que fuera un tema recurrente en las artes visuales de principios del siglo XX. La música cubana, como la mayoría de la cultura de la isla, comenzó a desarrollarse en el siglo XIX, aún bajo el dominio español. Por la década de 1920 hubo una gran variedad de géneros musicales en escena: danzón, son y rumba, entre otros. Estos géneros musicales combinan instrumentos europeos, africanos y timbres musicales para crear la música cubana. Música y danza son también ingredientes principales de las prácticas religiosas afrocubanas. En ocasiones, no se percibe la línea entre la representación visual de la música/danza popular y religiosa.

Eduardo Abela, Fiesta en el batey, 1927
Cortesía de Juan A. Martínez y el Vero Beach Museum of Art

Desde principios del siglo XX la música popular ha sido una de las principales exportaciones culturales de Cuba y ha sido más reconocida que la literatura y las artes visuales. Las formas musicales conocidas como rumba y el son fueron populares en los años 1920 y 1930 e inspiraron a una serie de pintores. Entre los pintores modernos está [Eduardo] Abela, uno de los primeros en representar escenas de músicos y bailarines haciendo música popular, como es el caso de Fiesta en el Batey, de 1927. En esta pintura moderna, a través del manejo del color y las líneas, Abela transmite el sentido de animados movimientos de baile y de música.

Victor Manuel, Carnaval, ca. 1940s
Cortesía de Juan A. Martínez y el Vero Beach Museum of Art

Víctor Manuel pintó pocas pero excelentes escenas del carnaval en 1940. La incluida en esta exposición, titulada Carnaval, muestra a un grupo de juerguistas bailando vigorosamente en la calle. Entre los tradicionalistas, Oscar García Rivera también se sintió atraído por las escenas de carnaval, como lo evidencia su obra Comparsa ca. 1940. Desde un enfoque representacional, García Rivera se centra en ilustrar una costumbre más que en expresar, como en el caso de Víctor Manuel , el ritmo y la sensualidad de la música popular afrocubana.

Los Músicos de Carlos Enríquez (1935) es una interesante representación de un grupo musical de son de la década de 1930, cuando este tipo de música estaba en su punto más álgido. Pinta un grupo de afro-cubanos tocando bongos, guitarra, cantando y bailando. El enfoque expresionista y la representación dinámica de la figura danzante sugiere la música. Músicos negros de Sánchez Araujo (1887-1946) es un estudio para una sección de un gran cuadro titulado La Rumba, de 1937. En un estilo realista que contrasta con Enríquez, también representó una escena convincente de un músico en acción y sugirió los sonidos de la percusión.

Una de las más impresionantes representaciones del tema musical en la pintura moderna cubana es Danza Afrocubana de [Mario ] Carreño, 1943. Este gran cuadro ofrece una expresión monumental de la danza afrocubana de función sagrada, y por ampliación la música. Un hombre disfrazado baila con una mujer semi-desnuda,  en el campo de noche. Las  figuras son enormes pero dinámicas, han sido pintadas con colores brillantes, audaces curvas y elementos de collage, para crear un fuerte sentido de movimiento. El estado de ánimo de la pintura es sombrío y misterioso al mismo tiempo.

Mario Carreño, Danza Afrocubana, 1943
Cortesía de Juan A. Martínez y el Vero Beach Museum of Art

En esta exposición, el piano toma el centro del escenario en dos importantes y contrastantes lienzos. Este instrumento fue introducido en Cuba en la década de 1830 y su práctica se extendió rápidamente debido a la formación ofrecida por numerosas escuelas de música en la misma década. A principios del siglo XX las clases de piano formaban parte de la educación de las mujeres cubanas de clase media y alta.

Amelia Peláez, Mujeres tocando piano, ca. 1940s
Cortesía de Juan A. Martínez y el Vero Beach Museum of Art

Mujeres tocando Piano, de Peláez, 1940, representa esa tradición. En sus distintas versiones del tema, que a veces mostraban un dúo tocando el instrumento, la lección es un asunto íntimo y doméstico, sugerida por la cercanía de la figura(s) en el plano de la imagen y el interior poco profundo de la casa.

En el otro lado del espectro, el piano es parte de una escena de la música popular en Pianista (1940) de Roberto Diago (1920-1955). Representa a una mujer afro-cubana desnuda, con grandes pendientes que toca el instrumento en un espacio de tonos oscuros. El uso del negro en el fondo da a la pintura un aire de misterio, acentuado por la ambigüedad de la propia escena. ¿Es este un acto en un salón de baile? Músicos negros que trabajan directa o indirectamente con el sector turístico prevalecieron en La Habana desde entonces hasta ahora.

Roberto Diago, Pianista, ca. 1940s
Cortesía de Juan A. Martínez y el Vero Beach Museum of Art

Los pintores a principios de la república introdujeron la música popular afrocubana en el “gran arte” como expresión de lo cubano. Rindieron homenaje a las más reconocidas formas artísticas cubanas, los tradicionalistas representaron músicos, instrumentos y bailarines, los vanguardistas expresaron insistentemente el ritmo musical cubano.

Arte Cubano e Identidad: 1900-1950 corre en el Vero Beach Museum of Art hasta el 2 de febrero.

Juan A. Martínez, Ph.D. Profesor Emérito del Departmento de Arte e Historia del Arte en Florida International University, Miami, donde imparte cursos en arte europeo y moderno de Cuba. Autor de Arte Cubano e Identidad: Pintores de la Vanguardia 1927-1950 (University Press of Florida, 1994), Carlos Enríquez: El Pintor de las Baladas Cubanas (Miami: Cernuda Arte, 2010), y María Brito (Los Angeles: UCLA, 2009). Actualmente escribe un ensayo sobre La Generación de Miami (artistas cubanos exiliados que emergen en los años 80) y una monografía sobre Fidelio Ponce (1895-1949), uno de los pioneros de la vanguardia plástica cubana.