Antonia Eiríz, La anunciación [dibujo], 1963-64
Courtesía del MDC Museum of Art + Design
A inicios de mes, la muestra Antonia Eiríz, Una Artista y su Público, abrió en el MDC Museum of Art+Design en Miami. La escritora y crítica Janet Batet comparte con nosotros fragmentos de su ensayo “Antonia Eiríz, en la pupila de la sibila”, que fue publicado en el texto del catálogo.

Antonia Eiríz nació en primavera, el primero de abril de 1929, en el barrio del Juanelo. Según el zodiaco chino es serpiente y los que nacen bajo este signo prefieren siempre retos intelectuales. La actividad corporal no es lo que les anima, sino el análisis y la intuición.

Antonia Eiríz
Courtesía de MDC Museum of Art + Design

Hija de inmigrantes gallegos, es la menor de seis hermanos y como es esperado en la educación de la época, al igual que sus hermanas, Antonia pronto aprende a cocer, tejer y bordar. Le apasiona el diseño de vestuario e incitada por su hermana Mercedes, Antonia comienza estudios en la Academia de San Alejandro en el año de 1953 donde recibe clases de dibujo, pintura, escultura, grabado.

Pronto, esta mujer enigmática de ojos grandes e intenso mundo interior se convierte en una de las figuras punteras de la plástica cubana. En su libro de memorias Elapso Tempora, Hugo Consuegra, colega y gran amigo, describe su primer encuentro con Antonia:

“De más importancia para mí es que aquí en el Lyceum, y en el 21 de Mayo de 1953, veo por primera vez a Antonia Eiriz. Ya la conocía de “oídas”, pues Antonia desde muy temprana edad era ‘una leyenda en su propio tiempo’. Tenía mi misma edad, veintitrés, y estaba vestida con su atuendo favorito: blusa blanca – escotada de hombro a hombro- con cuello de algo como encajitos –puntica, creo que le dicen- y falda negra a lo Edith Piaf.”

Es también en 1953 que Antonia participa en su primera exposición junto a Guido Llinás, Fayad Jamís, Antonio Vidal y Manuel Vidal. Ese mismo año contrae matrimonio y un año más tarde nace su hijo Pablo.

Si bien Antonia no integró formalmente la nómina de Los Once, su filiación con este grupo iniciático dentro del arte cubano es fundamental. No sólo por la profunda amistad que la vincula al grupo, en especial a Guido Llinás a quien la artista considera su mentor, sino porque su formación y visión como artista data de esta época y de su relación con los miembros del grupo:

“Los cincuenta fueron para mí lo más “cubano” en todo sentido: en ropas, música, arte. Los Once querían ensanchar la visión artística más allá de sólo pintar lo que era “cubano”. Las reuniones tenían lugar en la casa de Raúl Martínez con pintores y escultores como Tomás Oliva, Guido Llinás, Antonio Vidal y Hugo Consuegra. La única vez que estuve en la casa de Portocarrero fue cuando fuimos a verlo porque él estaba un poco molesto con nosotros. Ellos le explicaron que no estaban en contra de él pero que como jóvenes artistas ellos necesitaban hacer algo nuevo. Yo compartía las ideas de Los Once, aunque yo nunca fui parte del grupo.”

El grupo Los Once significó un giro fundamental dentro del arte moderno cubano al superar los folclorismos predominantes en la pintura cubana y adoptar además una postura de compromiso social. Es en este contexto de formación de Antonia Eiríz.

Antonia Eiríz, La cámara fotográfica, 1959
Courtesía de MDC Museum of Art + Design

Cuando en 1959 se presenta la exposición Cuatro pintores y un escultor en el Lyceum de La Habana, escribe Baragaño un artículo en el periódico Revolución que devendrá una suerte de declaración de principios del grupo frente a la creación.

“La poseía se hace con la vida, con el sueño, con la materia y con el hombre. La militancia política de la poesía dentro de una línea de partido es la más vil de las cobardías. Porque si es cierto que el poeta necesita tener una clara visión revolucionaria en lo poético y lo político, cuando lo político se convierte en un tema, se detiene, y la poesía es construcción y destrucción dialéctica de la realidad, para llegar a síntesis fundamentales.”

Cuatro años más tarde, el grupo expondría de nuevo en Galería Habana, aunados bajo el titulo Expresionismo Abstracto. Esta sería la última exposición del grupo.

Cartel de la exposición Pinturas y ensamblajes de 1960
Courtesía de MDC Museum of Art + Design

Un año más tarde se realizan dos exposiciones personales de Antonia Eiríz. La primera de ellas, Pinturas y Ensamblajes, tiene lugar en Galería Habana, la misma galería en la que había expuesto un año atrás junto a Los Once; la segunda, Ensamblajes, tiene lugar en el Museo Nacional de Bellas Artes, donde la artista es invitada a exponer como artista del mes.

Estas dos exposiciones, como bien afirma Desnoes, tienen la sacudida de un movimiento sísmico, zarandeando todo lo establecido. Diría Edmundo Desnoes: “Cuando nace un volcán, todo el paisaje cambia. Y eso es la exposición de Antonia Eiríz en la Galería de La Habana.”

En las palabras al catálogo a la misma exposición, escritas por Consuegra, se puede leer:

“… la pintura de Antonia Eiríz es una aleación de patada y trompetilla, pero en una dosis tan aguda, tan descarnada, tan desprovista de adornos y concesiones que se hace casi intolerable para el espectador, o mejor dicho, para ese espectador que sólo gusta de ser halagado, entretenido, edulcorado y para ese otro espectador que recibe el arte como un hors-d’oeuvre del celebro …”

Durante estos años Antonia realiza un cuerpo de obras vitales. Entre ellas, La cámara fotográfica (1959), Mis vecinas (1960), El vaso de agua (1962), Mis compañeras, (1962-63), Los de arriba y los de abajo (1963), En la cola (1963), Cristo saliendo del Juanelo (1963-64), El dueño de los caballitos (1964), La anunciación (1963-64).

Antonia Eiríz, Los de arriba y los de abajo, 1963
Courtesía de MDC Museum of Art + Design

Refiriéndose al estilo en su obra, Antonia apunta en entrevista con Giulio V. Blanc que siempre había querido ser una pintora abstracta. Este comentario que tantas veces pasa inadvertido es fundamental. Antonia está obsesionada por retratar entelequias. Captar esencias, estados de ánimo controvertidos, en ocasiones, incluso, controversiales. Su interés es justo acceder a lo invisible, lo irrepresentable, lo visceral. Lo cual es, en esencia, abstracto.

Diría Antonia que esas “pequeñas cabezas y figuras aparecían casi a pesar de que no era esa mi intención”. De apariencia deforme, fantasmagórica, estas figuras desprovistas –sin manos para acariciar ni pies para andar– parecen vagar más que habitar el espacio. Son como almas en pena que merodean en una suerte de purgatorio aterrador. O, más sobrecogedor aún, cuerpos sin alma que atormentados confluyen en el espacio hostil que los convoca, constriñe y aniquila. Salvo contadas excepciones en las que se pueden avizorar rasgos, incluso familiares, como en La Anunciación, estos rostros –herederos de la misma angustia de Ensor- son sintetizados a partir de tres agujeros vitales e inútiles. Rostros de profundos cuencos vacíos, cegados, secos, incapaces de llorar, sin la gracia del párpado extirpando el alivio del descanso y el sueño. Cuencos poseídos por la zozobra, desprovistos incluso de la conmiseración del óbolo último.

Antonia Eiríz, La anunciación, 1963-64
Courtesía del MDC Museum of Art + Design

Las bocas son agujeros inmensos, antesala escalofriante de un pozo sin fondo: el abismo interior. Cuando la boca es habitada, lo cual ocurre por sobre todo en los primeros años de la década del sesenta (En la colaLa cámara fotográficaLos de arriba y los de abajoEl dueño de los caballitos, entre otras), no la asisten labios para la ternura sino dientes filosos que son más de bestia que de humano. Cancerberos temibles. Luego, la boca será sólo eso. Vestíbulo de túneles descomunales que se crecen en precipicio oscuro habitado por el grito o la súplica que silenciados no alcanzamos a entender.

Antonia Eiríz: A Painter and Her Audience se presenta en el MDC Museo de Arte + Disegno hasta 17 noviembre, 2013.

Janet Batet (La Habana, Cuba) es curadora independiente, crítica de arte y ensayista. Actualmente vive en Miami. Ex investigadora y curadora del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales y ex profesora del Instituto Superior de Arte, ambos en La Habana. Sus artículos sobre las prácticas artísticas se publican regularmente en Art Nexus, Pulse Art, Arte al Día, Art Experience: NYC, y El Nuevo Herald, entre otros.