Manuel Couceiro, Sin título, ca. 1970
Cortesía de Alejandro de la Fuente

Este 5 de Abril, “Drapetomanía: Homenaje al Grupo Antillano”, abre en la Galería Universal, en Santiago de Cuba. En una entrevista realizada a través del correo electrónico, su curador Alejandro de la Fuente, nos comenta acerca del Grupo Antillano, su enfoque afro-cubano, y como sus ideas aún resuenan en el arte cubano actual.

De la Fuente ha descrito el Grupo Antillano como un colectivo artístico y cultural que existió entre 1978 y 1983. El grupo proclamaba la centralidad de las prácticas africanas en la cultura cubana. Para ellos, África y el Caribe no constituían una herencia cultural muerta, sino una vibrante, presente y vital influencia que continuaba definiendo el significado de ser cubano.

Alberto Lescay, Ngangá, 2010
Courtesy Alejandro de la Fuente

Alejandro descubrió con sorpresa que ni el arte ni la existencia del Grupo era recordada hoy. Como señala, “el Grupo Antillano fue removido de las definiciones del llamado “nuevo arte cubano” que tuvo lugar precisamente durante esos años, y que es frecuentemente asociado con la legendaria exposición “Volumen Uno” (1981). En contraste con el Grupo Antillano, la mayoría de los artistas de Volumen Uno no miraron hacia África o el Caribe en busca de inspiración, sino hacia nuevas tendencias del arte occidental.

Drapetomanía muestra obras de creadores que pertenecieron al Grupo Antillano, como  Esteban Ayala, Clara Morera, Rogelio Rodríguez Cobas, Manuel Couceiro, Herminio Escalona, Ever Fonseca, Ramón Haití, Arnaldo Rodríguez Larrinaga, Oscar Rodríguez Lasseria, Alberto Lescay, Manuel Mendive, Leonel Morales, Miguel Ocejo, Rafael Queneditt, y Julia Valdés.

También incluye obras de otros creadores como Belkis Ayón, José Bedia, Choco (Eduardo Roca Salazar), Juan Roberto Diago, Douglas Pérez, Elio Rodríguez ValdésAlexis Esquivel, Andrés Montalván Cuéllar, Santiago Rodríguez Olazábal, René Peña, Marta María Pérez Bravo, y Leandro Soto.

Para tener mas imagenes, visite las paginas de Facebook de Cuban Art News, y de la colección Farber.

Elio Rodríguez Valdés, Selva en las Paredes, 2012
Cortesía de Alejandro de la Fuente

Hablemos del Grupo Antillano. ¿Podría darnos algunos datos sobre el grupo?

Creado en 1978 por el escultor y grabador Rafael Queneditt, el colectivo inicialmente se centró en La Habana, pero rápidamente incluyó artistas de otras provincias como Camaguey (Oscar Rodríguez Lasseria, Herminio Escalona), Oriente (Alberto Lescay, Julia Valdés, Miguel A. Lobaina, Angel Laborde Wilson, entre otros). Ever Fonseca estaba en La Habana, pero había crecido en el Oriente rural.

Es casi imposible establecer un número exacto de miembros del Grupo Antillano. El núcleo inicial de seis o siete miembros creció hasta 21 en 1982, sin contar miembros honorarios como Wifredo Lam- que exhibió regularmente con ellos entre 1979 y 1982, René Portocarrero y Rita Longa.

Otros intelectuales colaboraron con el grupo y a veces fueron incluídos como miembros en sus catálogos, como los casos de Sergio Vitier, Rogelio Martínez Furé y Guillermina Ramos Cruz. Fue básicamente un colectivo masculino, pero varias mujeres participaron: Adelaida Herrera, Clara Morera, Julia Valdés. Rita Longa participó en cinco muestras, y a veces invitaron a otras creadoras como Lesbia Vent Dumois.

¿Qué medios o soportes usaron más frecuentemente los Antillanos? ¿Compartían un estilo común?

No existió un estilo común, no les interesaba. Lo que los unía era un interés común en la cultura cubana, su identidad. Su arte buscaba una visión nacional que estuviese anclada en su pasado caribeño y atlántico, unido indisolublemente a la esclavitud, y la producción de mercancías. Era una Cuba africana. Otras influencias encontraron espacio en las muestras del grupo, pero las referencias africanas predominaban.

Esto explica por qué muchos de ellos usaban materiales humildes en sus obras, con la madera como elemento más frecuente. Su África no era un África muerta, sin embargo. No era un pasado distante o una raíz folklórica. Para ellos, las prácticas culturales africanas continuaban alimentando la vida de los cubanos de a pié. Imaginen esta proclama a fines de 1970, cuando en Cuba las prácticas religiosas afrocubanas eran segregadas como marcas de un pasado primitivo y grotesco, una curiosidad folklórica. Fue casi un hecho revolucionario.

¿Qué relación tuvieron los artistas del Grupo Antillano y los de Volumen Uno? ¿Cambió con el tiempo?

Pienso que vivían y trabajaban en diferentes círculos artísticos, perseguían propósitos diferentes, y tenían diferentes conceptos sobre el arte. Existía una brecha generacional entre ellos. Los artistas de Volumen Uno eran jóvenes imbuídos con el deseo de aplicar las últimas tendencias del arte occidental hacia una lectura crítica del arte, la historia y la cultura cubana. Los de Antillano, al menos su grupo inicial, eran mucho mayores, y sus conceptos acerca de las culturas africanas y la identidad cubana seguramente parecian terriblemente anticuados para los jóvenes de Volumen Uno.

El trabajo de Antillano estaba basado en la historia de las Antillas, en su pasado compartido y un profundo respeto por sus ancestros africanos. Volumen Uno miraba más allá. Algunos de los escultores de Antillano, como Ramón Haití, Rogelio Rodríguez Cobas, y Rafael Queneditt, convirtieron en motivo de orgullo su maestría en la talla tradicional, algo que los artistas de Volumen Uno seguramente pericibian como el trabajo de artesanos tradicionales, no de artistas contemporáneos.

Ramón Haiti, El Gran Güije, 1978
Cortesía de Alejandro de la Fuente

Pero existían puntos de contacto. Los artistas de Volumen Uno admiraban a Lam, que devino presidente honorario de Grupo Antillano, y exhibió con ellos personalmente en varias muestras. Artistas de Volumen como José Bedia, Juan Francisco Elso, Leandro Soto y Ricardo Rodríguez Brey compartían preocupaciones similares a las de Antillano. Esos puntos de contacto quizás sean hoy más fáciles de discernir. En todo caso, me hace feliz que- por primera vez- dos artistas de Volumen Uno: Bedia y Soto, estén participando en la muestra con Antillano.

Es una mezcla interesante. ¿Qué cree pueda emerger de tal yuxtaposición?

En un texto de 1979, el gran etnógrafo Martínez Furé anunció que con el Grupo Antillano, había nacido un nuevo arte cubano. Pero lo que conocemos como nuevo arte cubano no fue el de Antillano, sino la producción que siguió el destino de Volumen Uno.

Sugiero que al menos debemos considerar la creación de Antillano en cualquier discusión sobre el “nuevo” arte cubano que emergió en esos años. Quiero también anotar que necesitamos estudiar seriamente la historia del arte postrevolucionario. Volumen Uno fue un punto clave y nadie lo discute, pero también existieron otros espacios, otras maneras de hacer arte cubano que no deben ser borradas de la Historia. Lo que esta muestra hace, literalmente, es recordar al Grupo Antillano.

Leandro Soto, Obbatalá dibujando el mundo, 2012
Cortesía de Alejandro de la Fuente

Hablemos de la muestra. ¿Cuántas obras son exhibidas? ¿Cuántas son creaciones del núcleo original?

Se exhiben 27 obras, más dos fotografías de los miembros de Antillano con Wifredo Lam. De las obras, 15 pertenecen a artistas de Antillano, algunas fueron producidas en ese momento. (algunos miembros han fallecido, o cesaron de crear en el estilo de esa época). Otras obras son recientes, porque varios de los artistas permanecen en activo, algunos como Queneditt, Clara, Leonel Morales, produjeron obras específicamente para esta muestra. Otros: Lescay, Mendive, Julia, Ever, aportaron obras recientes.

Manuel Mendive, Serie las Cabezas (Head Series), 2012
Cortesía de Alejandro de la Fuente

¿Cuán difícil fue reunir obras originales? ¿Por qué?

Identificar a los miembros, localizar a sus familias, fue casi un reto. Pero soy un historiador, ud sabe. Y estoy acostumbrado a trabajar con fragmentos: el pasado siempre nos llega en pedazos. No hubiera podido realizar la muestra sin el apoyo y la generosidad de las familias de los artistas han fallecido: Haití, Ocejo, Ayala, Couceiro. Afortunadamente, Queneditt sabía donde encontrar a la mayoría, y Guillermina Cruz ayudó a localizar otros.

Ampliar el concepto de la exhibición hasta incluir obras de artistas actuales fue una interesante decisión curatorial.  ¿Qué le condujo a tal decisión?

Primero que todo, supe de Antillano por “Queloides” (una muestra previa sobre temas afrocubanos en el arte contemporáneo, curada con el artista Elio Rodríguez Valdés). Mientras trabajaba en Queloides, Leí sobre el Grupo Antillano, un colectivo que para vergüenza mía, no conocía. Ahí había un movimiento cultural que había articulado visiones y conceptos que fueron similares a los expresados posteriormente por los artistas en Queloides.

Siempre presenté a Queloides como una consecuencia de los cambios sociales y económicos producidos por el llamado Período Especial, pero existía otra manera de mirarlo, quizás un largo e invisible hilo que conectase diversos intentos de evidenciar la diversidad racial en la cultura postrevolucionaria cubana.

Por supuesto, esas posibles conexiones son mis propias sugerencias. Ellas no dependen de la introspección de cada artista, muchos de los cuales nunca oyeron hablar del Grupo Antillano, aunque conocían a algunos de sus integrantes. En otro aspecto, noté interesantes paralelismos entre ambos grupos. Queloides había sido borrado de los anales del arte cubano, justamente como Antillano. Era sólo una coincidencia?

Díganos sobre el título: qué implica la palabra Drapetomanía, inventada en el siglo XIX, en definir la muestra?

Creo que puede echarle la culpa al historiador que tengo dentro. Utilicé un término extraído del lenguaje de la seudo-ciencia racial en el siglo XIX para sugerir la persistencia y credibilidad de una ideología que denigra aún hoy a las culturas africanas y la negritud.

Tales ideologías, basadas en la presunta objetividad de la ciencia occidental, pueden ser sólo desmanteladas a través del trabajo activo y consciente, creativo, de resistencia cultural y cimarronaje, como el protagonizado por los artistas de Grupo Antillano.

Grupo Antillano

El libro asociado con este proyecto sale este verano. ¿Qué conceptos ha vertido en el mismo?

El libro intenta narrar la historia del Grupo Antillano, reconstruir sus exhibiciones y esclarecer la importancia de su trabajo. Contiene ensayos de Guillermina Ramos Cruz, crítica de arte que trabajó con Antillano durante su período de actividad, del destacado historiador del arte y archivista José Veigas, de Judith Bethelheim, quien incluyó una discusión sobre Antillano en su medular AfroCuba: Obras sobre Papel 1968-2003, y de mí también.

Contiene también textos testimoniales de Queneditt, del dramaturgo Eugenio Hernández Espinosa, uno de los intelectuales que colaboraron con Antillano. Una sección del libro se enfoca sobre la obra de cada creador. El volumen no es un catálogo, aunque una sección final reproduce obras de los artistas contemporáneos que participan en la muestra. Pienso que la mejor manera de contrarrestar la invisibilidad del Grupo Antillano en el arte cubano era producir un libro que documentara sus actividades y aportes. Es justo debatir la importancia y significado de su creación, lo que no es justo es ignorar su existencia.

La muestra se abre en la Galería de Arte Universal, en Santiago de Cuba. ¿Adónde viajará después?

Queríamos que debutara en Santiago, la capital caribeña de Cuba, y lugar donde la Fundación Caguayo, que ha apoyado el proyecto desde un inicio, está localizada. A fines de año viajará a La Habana (estamos conversando con varios espacios, estén atentos) y viajará a EEUU en el 2014. He estado trabajando con Rachel Weingeist para exhibirla en el espacio The 8th en Nueva York, en la primavera de 2014. Después viajará al Museo de la Diáspora Africana en San Francisco, en el otoño. También será mostrada en la nueva galería Ethelbert Cooper, de Harvard, mi nueva casa institucional, en el año 2015.

¿Algo más que añadirnos sobre Drapetomanía ?

Quiero expresar mi gratitud a la Fundación Ford, especialmente a Mario Brofman, por su apoyo. A La Fundación Caguayo por trabajar junto a mí en este proyecto, a los miembros del Grupo Antillano por facilitarme acceso ilimitado a sus archivos personales, y a todos los artistas participantes por aceptar estar en la misma. Y como es usual, recibí mucho apoyo del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Pittsburgh.

Drapetomanía: Exposición Homenaje a Grupo Antillano abre este viernes 5 de abril en la Galería de Arte Universal, en Santiago de Cuba.