En ocasión de la apertura de la 11na Bienal de la Habana el 10 de mayo, el Museo Nacional de Bellas Artes acogió en la víspera dos exposiciones individuales: Cuando caen las Fronteras de Abel Barroso – y Puentes entre cercanías y lejanías llevadas a cabo de Sandra Ramos. El día antes de la inauguración de las muestras, Noticias de Arte Cubano visitó el museo para una charla.

Detalle de 90 Millas por Sandra Ramos

La primera parada fue en la muestra de Barroso, donde el artista y su equipo de instalación fueron dando los toques finales a esculturas nuevas y obras bidimensionales de gran valor. Hechas casi en su totalidad con madera de bajo costo— material usado por Barroso durante la mayor parte de su carrera— las obras tratan temas como la inmigración, los viajes al extranjero, y las dificultades, a veces insuperables, que se presentan en el cruce de las fronteras nacionales.

Algunas de las piezas, como Visa Vending Machine y Mi casa es su casa, son obras bidimensionales compuestas por varias piezas de madera, a veces adornadas con tinta o pintura. Una de ellas, La historia contada por quien la cuenta, es un mapa del mundo lleno con largas y elegantes virutas de afilados lápices de colores, cuidadosamente producidas por el propio Barroso, en el transcurso de la semana. En el mapa, el color de las virutas en cada sección corresponde a diferentes grupos lingüísticos- latino, inglés, alemán, etc.-en esa parte del mundo.

Tal vez las más sorprendentes son esculturas independientes como Visa Monopolio Residencia Múltiple, una pajarera grande, hexagonal, adornada con otro mapa del mundo. En este caso, es una metáfora del mundo sin fronteras que imagina Barroso: “Los pájaros no necesitan pasaporte, no tienen fronteras. Aquí, entran por un agujero en un país y salen por otro.”

Según Abelardo Mena Chicuri, curador del MNBA, quien también estuvo visitando la galería, lo que distingue el trabajo de Barroso es que “no es arte globalizado, sino arte cubano con una visión global.” Al enterarse de que el taller y estudio principal de Barroso se encontraba en su provincia natal de Pinar del Río, y no en la Habana como él pensaba, Mena Chicuri humorísticamente lo describió como un “guajiro globalizado”. Barroso estuvo de acuerdo. “Trato de mantener mis orígenes en la estética de mi trabajo”, dijo, “pero los temas son universales.”

Barroso presentó a su padre, a quien llamó “mi arma secreta.” Ingeniero civil de profesión, el padre de Barroso ha ayudado mucho a su hijo en el diseño de sus obras de arte, y comenzó a trabajar con él a tiempo completo después de su retiro hace dos años. La experiencia del padre de Barroso puede ser una de las razones de que funcionen las máquinas de pinball de madera, hechas a mano, incluidas en la instalación Pinball del emigrante. Aunque en realidad este trabajo refleja los desafíos que enfrentan los emigrantes mundiales, los siete juegos son muy difíciles de ganar. (Eso no impidió que los visitantes en la recepción inaugural intentaran con todas sus fuerzas, dándole a las esculturas un uso a fondo.) Como Barroso señaló, el horizonte de madera detrás de los juegos no es meramente un paisaje urbano, más bien representa otra frontera que un posible emigrante debe superar.

Pinball del emigrante ha sido adquirida por Pan American Art Projects de Miami y será presentada como parte de una exposición individual en la galería a finales de noviembre, que coincidirá con Art Basel Miami Beach. El arte, como Barroso dijera, viaja más a menudo que los artistas. (Para obtener imágenes de las exposiciones y recepciones de bienvenida, visita las galerías de fotos de Barroso y Ramos, en la página de Facebook de Noticias de Arte Cubano).

Sandra Ramos estaba tomando un descanso después del almuerzo, cuando Noticias de Arte Cubanollegó a su exposición, pero Corina Matamoros-curadora de arte cubano contemporáneo en el MNBA y curadora de ambas exposiciones individuales –estaba presta para charlar un rato y hacer un recorrido por la muestra.

Cuando el trabajo de Barroso se caracteriza por el humor irónico y una deliberada simplicidad de los materiales, el arte de Ramos, dice Matamoros, toma un enfoque diferente. “Hay más nostalgia”, observa, “pero también más tecnología. El uso de los medios de comunicación, como fotografías digitales. Los materiales y la forma de producción de las obras son más sofisticados”.

A primera vista, dos grandes obras de arte dominan el espectáculo de Ramos. Fuera de la galería principal, 90 Millas es un puente transitable que marca la distancia entre Miami y La Habana en una serie de iluminados paneles fotográficos. En cualquiera de los extremos se puede observar una vista aérea de una de las ciudades, entre ellas hay fotos del cielo sobre el Estrecho de la Florida. En la recepción de apertura decenas de visitantes hicieron el viaje metafórico desde un extremo del puente al otro.

La segunda obra grande, El Punto cercano más lejano, llena una pequeña galería con una réplica gigante de la boya que marca las aguas territoriales de los Estados Unidos. Un sistema de vídeo en la boya proyecta una vista de los Estados Unidos en una pared, la pared de enfrente muestra una vista de Varadero, el polo turístico cubano.

Otras obras en la muestra de Ramos presentan lo que Matamoros describe como un enfoque “más íntimo, más personal”, centrado en el tema del pasaporte. Para las instalaciones Horizontes I y II, Ramos pidió a sus amigos que viven en el extranjero sus pasaportes caducados, y los utilizó como base para sus obras. “Son todos diferentes, porque son de diferentes años, épocas diferentes”, dice Matamoros. “Ella los pintó y los embelleció en un estilo que transmite mucha nostalgia, por las cosas que quedan atrás, por los sueños de un inmigrante. Y ese es el tono de la exposición.”

Muchas piezas reflejan la delicadeza y atención que caracterizan la obra de Ramos. Uno de los pasaportes pintados, por ejemplo, está incrustado en la arena de una playa del país de origen. Una serigrafía de sus propios ojos es la base de otra serie, Miedo secreto, en el que cada impresión repetida es individualmente pintada o decorada. “Ella iba a pintar o pegar en un pasaporte”, dice Matamoros, “o la isla de Cuba o un corazón.” Para ser fiel al tema de la exposición, el propio catálogo tuvo forma de pasaporte. Ramos le firmó el catálogo a los visitantes en la recepción de apertura.

Al comparar los dos artistas, Matamoros señala que “el trabajo de Abel es activo, y tiene un gran sentido del humor. Y analítico-que analiza las cosas. Sandra muestra la experiencia. Abel piensa de manera global, para todas las personas. Creo que Sandra piensa para los cubanos en particular. Esa puede ser la diferencia.” A pesar de ello, estos artistas tienen un punto importante en común: a pesar de su enfoque compartido en temas como los viajes y la emigración, y su creciente reputación internacional, “ambos viven en La Habana”.