Manuel Mendive, Los hijos del agua, conversando con un pez, 2001

Dos artistas imprescindibles del arte cubano contemporáneo: Manuel Mendive (La Habana 1944) y Flavio Garciandía (Villa Clara 1954), vuelven a la arena con sendas exposiciones para mostrar que el pulso es firme y la mente aún trabaja clara.

Aunque los expertos han colocado a Mendive y Flavio en dos momentos culturales diferentes, a los dos los une su estrecha vinculación con la cultura popular cubana. En la década “prodigiosa” de los años 60, cuando artistas y críticos buscaban afanosamente el arte que expresara la triunfante Revolución, Mendive expuso un arte cargado de símbolos y mitos afrocubanos yorubas, un pecado dentro de una sociedad atea y comunista. A partir de los años 70, Flavio es reconocido con la llamada “generación de la esperanza cierta”, el auge del Fotorrealismo en Cuba y el evento de Volumen I.

A fines de la década de los ochenta eran considerados figuras imprescindibles del arte cubano. Mientras Flavio se convertía desde las aulas del Instituto Superior de Arte en uno de los más importantes profesores para las nuevas oleadas de artistas, Mendive realizaba publicitadas exposiciones individuales en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Bajo el título “La Luz y las Tinieblas”, el Museo José Luis Cuevas de México DF acoge del 19 de enero al 3 de marzo la exposición de Mendive.

El Museo, montado en un edificio colonial de grandes dimensiones, exhibe las numerosas obras de arte de arte que el creador mejicano Cuevas ha coleccionado a lo largo de su vida y mantiene salas de exposiciones temporales, como las que ahora ocupa la obra de Mendive.

A través de pinturas, esculturas e instalaciones, la muestra del cubano enfoca la trinidad vida-muerte-resurrección, común a todas las religiones, mediante la peculiar reelaboración que el artista, creyente de la Regla de Ocha o Santería, hace de sus mitos a través de los recursos del arte contemporáneo. Reconocido en las bienales de La Habana por vibrantes performances donde Mendive pinta los cuerpos desnudos de los bailarines, su inspiración se extiende también a esculturas de metal, bronce, a instalaciones espaciales e intervenciones urbanas (ver el documental “Obataleo”, del cineasta cubano Humberto Solás) donde la sabiduría de los dioses africanos se funde a criterios filosóficos generales sobre la naturaleza y la sociedad.

En el texto catálogo de la muestra, la crítica cubana Darys Vázquez comenta la creación de Mendive. “Como cubano, involucra la obra con su realidad, pero también, con la realidad del hombre latinoamericano y con la del hombre dentro de la cartografía mundial. Y esto lo hace con un apego infinito a la tradición histórica.”

La galería Villa Manuela de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba fue el espacio escogido por Flavio Garciandía para su exposición “Iba a decir algo muy importante (… pero ya se me olvidó)”. El acento humorístico del título remite ciertamente al carácter paradójico de los lienzos de grandes dimensiones que Flavio realiza desde hace años. Ellos se convierten, bajo una densa referencia a la abstracción, en una lección exquisita de conocimiento sobre el arte y los artistas.

Desde hace una década, la obra de Flavio se ha convertido en un museo de fragmentos, un inmenso collage donde utiliza el acto de pintar para expresar su admiración abierta, transparente, hacia uno u otro artista. Residente en Monterrey, con frecuentes visitas a La Habana, Flavio ejercita en la pintura el pensamiento que expresara en una ocasión: “ El oficio mío de pintor está en lo que dijo Picasso: un pintor no es más que un coleccionista que colecciona lo que gusta de los demás, hecho por él mismo”.